Berit Knudsen

Perú entre China y Estados Unidos

El caso del megapuerto de Chancay

Perú entre China y Estados Unidos
Berit Knudsen
09 de julio del 2026

 

Perú creyó que Chancay era solo un puerto, una inversión comercial. China lo incorporó como red logística global. Estados Unidos lo observa como una infraestructura estratégica. 

Por años, la relación con China se presentó con cifras comerciales, de exportación e inversión. China compra minerales, financia proyectos y amplía su presencia empresarial. Perú profundiza sus vínculos económicos con Beijing, mientras conserva su relación histórica con Estados Unidos en seguridad, control de narcotráfico y defensa.

Pero la competencia entre potencias no se libra con aranceles o discursos diplomáticos. Se traslada a semiconductores, minerales críticos, energía, datos y cadenas de suministro.

Un puerto, más que plataforma de ingreso y salida de contenedores, concentra información y flujos logísticos: qué barcos llegan, qué transportan, empresas que comercian, rutas utilizadas, volúmenes movilizados y cadenas de suministro. Una infraestructura civil puede adquirir importancia estratégica sin ser una instalación militar formal.

Mientras la infraestructura china se expande, Beijing construye una arquitectura jurídica, protegiendo sus intereses. El Decreto 835 permite al gobierno chino adoptar medidas frente a lo que considere un ejercicio ilegal o injustificado de jurisdicción extraterritorial de otros Estados. El Decreto 837, vigente desde julio, refuerza la supervisión de inversiones chinas en el exterior, protege derechos de sus inversionistas, vinculando esas inversiones con defensa, soberanía, seguridad e intereses de desarrollo chino.

No significa que una empresa china ignore la legislación peruana. Los nuevos instrumentos permitirán reaccionar a Beijing si considera que decisiones de otros Estados injustificadamente afectan sus intereses. 

En Chancay existen controversias. Contraloría cuestiona procedimientos. Indecopi determinó que excluir regulaciones tarifarias afecta la competencia. Ositrán busca supervisar el terminal. COSCO litiga y defiende las condiciones de su inversión. La decisión judicial que ratifica la competencia supervisora del regulador peruano convierte el caso en un problema de gobernanza de infraestructura estratégica.

Estados Unidos lleva el caso a otra dimensión. Washington financió US$ 8,5 millones en escáneres de rayos X para inspeccionar la carga de contenedores en Chancay, fortaleciendo el control aduanero peruano. 

La imagen geopolítica es esta: un puerto operado por empresas estatales chinas incorpora sistemas de control de carga donados por Estados Unidos, operados por el Estado peruano.

La justificación es que Chancay, como gran nodo portuario, no mueve solo comercio legítimo; enfrenta contaminación de contenedores, narcotráfico, contrabando y redes criminales transnacionales. Estados Unidos, socio en seguridad, controla cadenas ilícitas del Perú.

La tecnología estadounidense introduce cuestionamientos. ¿Quién controla la información de las inspecciones? ¿Cómo regulan el acceso a datos? ¿Qué información compartirá el Estado peruano con sus socios de seguridad? ¿Qué ocurriría si una empresa china fuera alcanzada por sanciones estadounidenses que Beijing considerase extraterritoriales o discriminatorias? No estamos ante ese conflicto, pero existen condiciones para que aparezca.

El riesgo no es mantener relaciones con China; tampoco elegir entre Beijing o Washington. El peligro es la asimetría. China sabe qué intereses busca proteger. Estados Unidos sabe qué posición estratégica preservar. Perú no parece definir con claridad qué resguardar.

Hay empresas chinas que participan en los sectores de minería, energía e infraestructura. Albergar activos estratégicos administrados por empresas vinculadas a una potencia, más que contratos y reguladores actuando por separado, requiere identificar infraestructuras críticas, reglas sobre datos y cadenas logísticas, medir dependencias y coordinar políticas de inversión, seguridad y relaciones exteriores.

Soberanía no es cerrar las puertas a la inversión extranjera. Significa conservar la capacidad para decidir. Chancay es una extraordinaria plataforma de desarrollo para el Perú, pero revela una realidad: la pugna entre China y Estados Unidos comienza a trasladarse a nuestro territorio a través de puertos, tecnología, inversiones y sistemas de control. Mientras Perú confunda inversión con estrategia, gestionará la competencia geopolítica como decisión comercial.

Perú cree que administra una inversión, pero necesita aprender a administrar poder.

Berit Knudsen
09 de julio del 2026

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