Dante Bobadilla
Perdidos sin rumbo
Tenemos un gobierno entregado a la ideología de género
La foto de los generales del Ejército ataviados con mandiles rosados representa la imagen más patética de lo que significa este gobierno, dedicado exclusivamente a las payasadas políticas y las poses ideológicas. No hay manera de justificar el ridículo al que han sido sometidos esos oficiales, en un acto extravagante y vergonzoso de sujeción a la aberrante ideología de género. Una exhibición de la miseria moral e intelectual en que ha caído este gobierno.
No sería nada raro que en las próximas Fiestas Patrias nuestros soldados desfilen con mandiles rosados, empujando coches de bebe para apoyar la igualdad, y ver el desfile militar convertido en corso gay para promover la tolerancia. Porque así es como creen estos iluminados del gobierno que van a cambiar la realidad, para que sea como al progresismo le gustaría que fuera. Las FF.AA. no solo han sido estigmatizadas por la caviarada, perseguidas judicialmente y acosadas por las oenegés, sino que ahora son humilladas con exhibiciones de mal gusto, dignas de la huachafería progresista más ridícula en que se puede caer.
Tenemos un gobierno entregado a la ideología de género. Vizcarra se ufana de tener un “gabinete paritario”, como si eso fuera un logro y le sirviera para algo a la nación. En los hechos es el gobierno más mediocre e incapaz de lo que va el siglo. No tiene nada que mostrar, salvo la parálisis de la economía. Lo suyo es el circo político de unas reformas desaforadas donde, una vez más, se pretende imponer la paridad de género. ¿Quién votó por la ideología de género? Y Vizcarra llega a la desfachatez de decir que interpretará la cuestión de confianza en virtud al cumplimiento de sus reformas. ¿Qué se ha creído este sujeto?
Definitivamente el país ha perdido el rumbo. Estamos en una severa crisis moral e intelectual. No sabemos hacia dónde vamos. Desvariamos alrededor de delirios ideológicos que no le sirven a nadie. Nos engañan con boberías como los octógonos en las etiquetas, mostrado como un gran logro a favor de la salud, mientras las farmacias del Minsa carecen de varios medicamentos y las postas no tienen placas para radiografías, ni reactivos para análisis.
Somos el segundo país en implementar los octógonos y nadie sabe si funcionan. Es una cuestión de fe. Seguimos siendo los conejillos de indias del progresismo mundial. La idea, una vez más, es que los problemas de salud no son culpa de las personas, ni de su conducta, ni de sus hábitos alimenticios, sino de los productos o del “sistema”. En este caso de los productos industrializados, que constituyen menos del 5% de la ingesta diaria de alimentos. No existe ninguna evidencia científica que relacione a estos productos como causantes directos de algún mal generalizado en la sociedad. Todo se mueve con propaganda ideológica y se sustenta con campañas basadas en ideas, creencias y prejuicios. La idea fuerza es que el abuso de esos productos es dañino. La verdad es que el abuso de cualquier cosa es dañino, incluso si se trata de agua. Pero el abuso no es culpa de los productos, sino de las personas.
Los problemas de salud dependen de cada persona, y básicamente de su conducta y hábitos alimenticios, no de los productos. Pero el progresismo es experto en victimizar a las personas. Siempre buscan que las personas sean vistas como “víctimas del sistema”. Habría que culpar en todo caso a la comida peruana y su promoción oficial, creando el Día del Pollo a la Brasa o del Chicharrón. En mis tiempos no había más que tres salsas para los sánguches, y ahora hay una docena, incluso les meten papitas al hilo. Todas esas costumbres suman a la obesidad. Pero siempre resulta más rentable políticamente convertir a las personas en víctimas y culpar a la industria para crearle barreras de acceso al mercado. Esa es la tarea del progresismo. Y como vivimos en Tontilandia, siempre habrá una legión de incautos aplaudiendo a estos farsantes disfrazados de defensores de la salud y del consumidor.
















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