Mariana de los Ríos

Paul McCartney vuelve al Liverpool de su juventud

Reseña crítica de “The boys of Dungeon Lane”, el nuevo álbum de McCartney

Paul McCartney vuelve al Liverpool de su juventud
Mariana de los Ríos
09 de junio del 2026

 

Cada nuevo álbum de Paul McCartney plantea una pregunta inevitable: ¿sigue siendo capaz de sorprender uno de los compositores más importantes de la música popular del siglo XX? The Boys of Dungeon Lane (2026), publicado cuando el ex Beatle supera ya los ochenta años, intenta responder esa interrogante recurriendo a un territorio que le resulta familiar: la memoria. Desde su título, y en buena parte de sus letras, el disco mira hacia el Liverpool de su infancia y juventud, convirtiéndose en una obra marcada por la nostalgia y la reflexión sobre el paso del tiempo.

Lo primero que llama la atención es que McCartney conserva una virtud que parece resistirse al desgaste de los años: su talento melódico. Incluso en canciones menores hay giros armónicos y líneas vocales que recuerdan por qué fue uno de los arquitectos del cancionero moderno. Temas como “We Two”, “Come Inside” y “Never Know” son ejemplos de esa facilidad para construir melodías agradables y accesibles, aunque ninguna alcance la categoría de clásico.

El álbum se mueve entre recuerdos personales, canciones de amor y algunos experimentos estilísticos. “As You Lie There” recupera episodios sentimentales de juventud con una energía que remite ocasionalmente a la época de Wings. “Down South”, por su parte, reconstruye un viaje juvenil con un tono sereno y contemplativo que resulta genuinamente emotivo. “Salesman Saint” explora las dificultades económicas de sus padres y añade algunos matices musicales de inspiración retro, habituales en MacCartney desde la época de The Beatles, que enriquecen una composición por momentos demasiado literal en su narrativa.

Entre los momentos más curiosos figura “Mountain Top”, una pieza psicodélica y juguetona que demuestra que McCartney aún conserva cierta voluntad de experimentar. El resultado no es completamente exitoso, pero aporta variedad a un repertorio que por momentos corre el riesgo de volverse excesivamente uniforme. Algo similar ocurre con “Life Can Be Hard”, en la que el músico vuelve a su conocida fascinación por las formas tradicionales de la música popular estadounidense.

No todas las canciones funcionan con la misma eficacia. “Lost Horizon”, pese a su título evocador, se limita a describir recuerdos y escenas de juventud sin encontrar una perspectiva particularmente reveladora. “First Star of the Night” deja una impresión pasajera y “Home to Us”, el esperado encuentro vocal con Ringo Starr, resulta simpático más por su valor simbólico que por sus méritos musicales. Son canciones agradables, pero rara vez logran trascender la sensación de estar escuchando a un artista revisitando fórmulas conocidas.

La gran excepción es “Momma Gets By”. Aquí McCartney abandona parcialmente la distancia emocional que caracteriza buena parte de su producción reciente y entrega una de las composiciones más personales y conmovedoras de los últimos años. La canción, inspirada en la figura materna, combina una melodía sólida con una interpretación vulnerable que consigue transmitir emociones reales sin caer en el sentimentalismo fácil. No es una obra maestra, pero sí una demostración de que McCartney todavía puede alcanzar momentos de auténtica inspiración cuando se permite explorar territorios más íntimos.

El principal problema de The Boys of Dungeon Lane es que inevitablemente invita a la comparación con el extraordinario legado de su autor. Frente a álbumes como Ram, Band on the Run, Tug of War o, por supuesto, el catálogo de los Beatles, estas nuevas canciones parecen modestas. No porque sean malas, sino porque rara vez poseen la imaginación, la ambición o la fuerza emocional que distinguían a las mejores composiciones de McCartney.

Eso no significa que el disco carezca de valor. Al contrario, se trata de una obra honesta, elaborada con profesionalismo y sostenida por un compositor que todavía entiende mejor que casi nadie cómo construir una canción agradable. En definitiva, The Boys of Dungeon Lane es un buen álbum: cálido, ocasionalmente emotivo y musicalmente competente. También es el trabajo de un artista legendario que aún conserva destellos de su talento excepcional, aunque esos destellos aparecen de forma esporádica. Más que una nueva cima en la carrera de Paul McCartney, el disco funciona como un digno capítulo tardío de una trayectoria cuya verdadera grandeza quedó escrita hace varias décadas.

Mariana de los Ríos
09 de junio del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

The Boys y la destrucción del mito heroico

Columnas

The Boys y la destrucción del mito heroico

  Desde su estreno en 2019 The Boys –la serie de Prime Vid...

28 de mayo
Un poeta: la derrota convertida en comedia

Columnas

Un poeta: la derrota convertida en comedia

  Simón Mesa Soto (Medellín, 1986) regresa al larg...

14 de mayo
La única opción: una comedia negra implacable

Columnas

La única opción: una comedia negra implacable

  Park Chan-wook (Seúl, 1963) es uno de los cineastas m&a...

15 de abril

COMENTARIOS