Cecilia Bákula

Miguel Grau: heroísmo y sentimiento de pertenencia

Un ejemplo para las nuevas generaciones de peruanos

Miguel Grau: heroísmo y sentimiento de pertenencia
Cecilia Bákula
12 de octubre del 2026

 

Como cada 8 de octubre rendimos un sentido homenaje a la figura ínclita de don Miguel Grau Seminario. Y lo hacemos desde el convencimiento de que su heroísmo no está en ofrendar la vida en el puesto de mando, sino en que toda su existencia fue una respuesta y una entrega terca y decidida a la Patria, a la que rinde homenaje hasta el último suspiro.

Ese día, hace 147 años, en la Punta de Angamos, el monitor Huáscar daba la pelea a una escuadra enemiga mayor y mejor. El enfrentamiento fue entre nuestra pequeña flota formada por el Huáscar y la corbeta Unión, que aceptaron el ineludible reto que la historia les ponía delante, al tener que enfrentarse a la escuadra sureña conformada por los buques Cochrane, Blanco Encalada, Covadonga y Loa que en capacidad bélica, posibilidad de maniobra y de defensa, nos superaban ampliamente.

Conociendo aún esa superioridad técnica y bélica, Grau se empeña virilmente en oponer a ello la genialidad de su comando y la confianza en su tripulación, haciendo dudar a las naves invasoras de la posibilidad de que se tratara de un simple monitor y que nuestra capacidad de respuesta fuera mejor que la que sabían que el Perú tenía. En ese enfrentamiento, Grau abre fuego contra el Cochrane que respondió con una granada que certeramente impactó en la torre de mando, en donde se encontraba nuestro almirante, eran las 9:50 de la mañana. Vino luego otro y otro impacto con los que el Huáscar quedó a la deriva, siendo apresado por marineros chilenos un par de horas después.

Muere también el teniente Diego Ferré, quien era el segundo a bordo por lo que el mando fue asumido por el capitán de corbeta Elías Aguirre. Todos ellos, inflamados por auténtico amor a la Patria, vocación de servicio y comprensión plena de la realidad a la que el Perú los había arrastrado, no desgastan un minuto en la queja; responden con hidalguía y prontitud.

Hoy, al reconocer esos valores extremos, me pregunto una y mil veces las razones de esa guerra para la que no se puede encontrar casus belli real; una conflagración que debió ser vista y anticipada; un país que por entonces (una vez más) se auto destruía entre desorden, caudillismo, robería y corrupción. Y, ante la objetiva realidad de esas circunstancias, el heroísmo adquiere una dimensión especial pues era el sí no solo de una persona, sino de una generación que tercamente se enfrentó a la voluntaria dación de su vida, ante una realidad para la que no había ni explicación ni respuesta.

Ese heroísmo debe asociarse no solo a una persona, como lo es la figura insigne de Miguel Grau ni tampoco a una institución de manera exclusiva pues fue, en esos personajes, en los que el Perú entero aportó una respuesta de virilidad, compromiso y acción. Y hoy, justamente en esta fecha, pienso en la urgencia de adecuar, actualizar y reforzar la enseñanza de nuestra historia y hacerlo de manera seria, constante, con repetición y orgullo porque nunca la figura de Grau debería estar disociada de los hechos que condujeron a esa fatídica guerra que cobró la dignidad de un pueblo, la vida de miles de personas, la pérdida de territorio, el sojuzgamiento vivido por muchos años; circunstancias que los escolares y jóvenes, adultos y pobladores deben conocer pues el heroísmo implica entender el por qué, el cómo y el cuándo de los hechos.

Es cierto que en los peores años de esa historia, muchos peruanos dieron muestras extraordinarias de valía, pundonor, patriotismo y certera actuación, pero hoy, casi siglo y medio de ello, quedan preguntas sin respuesta al dolor causado, a la muerte de Grau, Ferré, Bolognesi, Ugarte y tantos otros anónimos ciudadanos. Desde mi perspectiva, es indispensable reforzar no solo los valores personales, que sin duda desbordan en esos individuos, sino que no podemos seguir ocultando un real conocimiento de lo que llevó al Perú a esa realidad innecesaria, dolorosa, inmerecida e injusta. Es por ello que una educación de centrado sentido nacionalista, es urgente.

La esencia y el futuro del Perú está en la necesaria educación de sus ciudadanos, en los valores que hoy recordamos y reconocemos y en la comprensión de las circunstancias reales e históricas que llevaron a ese heroísmo. Los peruanos deben conocer y repetir la grandiosa historia de nuestra Nación pues en sus luces y sombras, todos podemos reconocernos con sentido de pertenencia y a partir de allí y solo a partir de allí, se podrá generar en el futuro, acciones responsables, voluntades decididas hacia el bien común, respeto al pasado y esperanza en el futuro.

No se trata solo de recordar nombres e individuos, si bien ello es importante, pero ellos no son islas en el devenir de nuestra historia y su conducta, por lo que debe adquirir mayor lustre y brillo conocer los hechos en los que su vida se enmarca. Ese conocimiento permitirá a las nuevas generaciones sentir y desarrollar un compromiso real con la continuidad de nuestra historia, de la construcción de un futuro común. Es decir que sin ocultar los hechos reales, el discurso debe unir el pasado con el presente para configurar la creación de un recuerdo colectivo en el que todos podemos sentirnos parte y configurar el deseo de una memoria positiva que se base en el amor responsable a la Patria y respeto a los valores que nos han ido forjando.

En ese sentido, la reforma de la educación que se ha propuesto, debe pasar rápidamente del discurso a la acción pues debemos entender que la riqueza de nuestra Nación no está en los bienes materiales que podemos encontrar en nuestro territorio; la grandeza del Perú ha de estar centrada en que sus ciudadanos formados en el cariño y respeto a los nuestro; en el compromiso con nuestra historia; en la acción definida y real de adhesión responsable al futuro común, sean reales y auténticos ciudadanos, capaces de forjar ese destino común. Si aspiramos tan solo a tener peruanos “con conocimientos”, pero sin el alma engarzada en el amor a la Patria, en la comprensión de nuestra historia, en el respeto decidido a valores y la comprensión de nuestra Nación como una en la diversidad, no tenemos futuro.

Es precisamente esa diversidad la que, siendo un reto, ha de ser un acicate para sustentar el futuro en la unidad. Y en ese proceso, los héroes cumplen un rol fundamental porque nos enseñan aquellos valores imperecederos que ellos supieron encarnar y que, aparentemente, estarían menos presentes en la conciencia ciudadana, que los ve como responsabilidad de “otros” y no como un llamado al compromiso común.

Cecilia Bákula
12 de octubre del 2026

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