Maria del Pilar Tello

EE.UU.: las elecciones que pueden recuperar contrapesos

Sobre las elecciones de medio mandato en Estados Unidos 

EE.UU.: las elecciones que pueden recuperar contrapesos
Maria del Pilar Tello
12 de octubre del 2026

 

El 3 de noviembre, los estadounidenses elegirán 435 miembros de la Cámara de Representantes y renovarán a 35 senadores. Los republicanos tienen hoy la mayoría en ambas cámaras; si los demócratas logran ganar una o las dos, el Gobierno de Trump afrontaría una relación distinta con el Congreso.

En el sistema constitucional estadounidense el Congreso y el presidente no son una misma autoridad. El Congreso legisla, aprueba fondos y ejerce funciones de fiscalización; el presidente dirige el Ejecutivo. La separación de poderes y los mecanismos de control fueron diseñados para impedir que una sola rama concentre toda la autoridad. Por eso, que el partido del presidente tenga mayoría en las dos cámaras puede facilitarle la aprobación de su agenda y reducir la disposición de sus aliados a investigarlo. Aunque no significa que el presidente controle formalmente todos los poderes del Estado.

No es exacto decir que la Corte Suprema está bajo su mando. El tribunal tiene una mayoría conservadora de seis jueces contra tres, y tres de sus integrantes fueron nombrados durante el primer mandato de Trump. Esa composición ha contribuido a decisiones cercanas a posiciones conservadoras, pero la Corte mantiene autoridad propia: en febrero de 2026 resolvió que una ley de emergencia invocada por Trump no autorizaba los aranceles que su administración había impuesto.

Si los demócratas recuperan el control de una o de ambas cámaras, no se produciría automáticamente un equilibrio perfecto ni desaparecería la capacidad presidencial de gobernar. Sí recuperarían herramientas importantes: la conducción de comisiones, la agenda legislativa, las investigaciones del Congreso y las decisiones sobre el presupuesto. Una mayoría opositora podría exigir informes, convocar a funcionarios y someter las políticas de la administración a un escrutinio más fuerte. También podría bloquear o modificar iniciativas presidenciales. El alcance de estos cambios dependerá de los resultados concretos, de los votos disponibles y de la capacidad de las dos fuerzas para negociar.

En ese escenario se entienden mejor las ofertas de pagos que Trump ha anunciado antes de la elección. La promesa de US$ 5000 para cada adulto está condicionada a que los republicanos retengan las dos cámaras, aunque el pago requeriría una ley y todavía no hay una explicación clara sobre su financiamiento. También se han anunciado pagos más limitados para ciertos beneficiarios de Medicare y del seguro de salud. Esas medidas no prueban por sí solas que se haya comprado un voto individual. Sí muestran hasta qué punto el presidente ha colocado en el centro de la campaña una relación directa entre dinero, electorado y permanencia republicana en el poder.

La elección tendrá, por eso, un significado que supera la disputa entre republicanos y demócratas. Está en juego la capacidad del Legislativo para actuar como poder independiente, por ello el presidente quiere que su  partido mantenga el control del Congreso. Una mayoría del mismo partido facilita la acción de gobierno; una mayoría opositor intensifica  la fiscalización. Ninguna garantiza, por sí sola, decisiones justas o una democracia saludable. Pero la posibilidad de alternancia y control es parte esencial del sistema.

Trump presenta la elección como una decisión sobre su partido y su gestión. Los electores deberán decidir si respaldan esa continuidad o si prefieren entregar al Congreso una composición distinta. Si los demócratas consiguen la mayoría en una cámara o en ambas, habrá una oportunidad para reactivar los contrapesos. No será la recuperación automática de un sistema perfecto: será el restablecimiento de una disputa institucional en la que el presidente ya no podrá contar con el apoyo mayoritario de las dos cámaras.

En una democracia, votar es decidir quién vigila al poder. La pregunta de noviembre no será solo qué partido gobierna el Congreso, será si el Congreso podrá ejercer, con independencia, su autoridad constitucional. O si prospera el intento de Trump de comprar la voluntad popular para mantener su poder sin fiscalización ni contrapesos. La ilustración europea de los siglos XVII y XVIII luchó contra la concentración del poder a través de la separación de poderes, los controles y los contrapesos que son elementos básicos de la democracia republicana.  Es lo que no debe perderse de vista.

Maria del Pilar Tello
12 de octubre del 2026

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