Raul Labarthe
Los peruanos a los que Castillo ignora
Hoy existen 150,000 puestos de trabajo formales menos
Ayer Pedro Castillo emitió su mensaje presidencial, a un año de asumir el mandato, pretendiendo dar la impresión de ser un estadista preocupado por su pueblo. Pretensión que solo logrará convencer a su círculo de asesores y a alguno que otro simpatizante incapaz de reconocer lo que es un primer año de fracasos, de incapacidad y de mentiras. Las cinco investigaciones fiscales que lo acechan parecen haberlo golpeado, e intenta dar un mensaje de repartición de bonos y planes para obtener el favor de un pueblo que lo rechaza en más de 70%. Y mágicamente pareció recordar que es la inversión privada la fuente principal de crecimiento y de empleo.
Lo que llamó la atención fue su intento de hacer pasar como un resultado positivo la recuperación del empleo a niveles prepandemia. Indica que hoy 5.5 millones de puestos de trabajo son un gran logro de su gobierno, y que el empleo formal subió 7% a mayo de este año. Estos datos no coinciden con lo que puede calcularse en base a la información pública del INEI. En primer lugar, 5.5 millones corresponden solo a Lima Metropolitana; en el Perú la población ocupada asciende a 17.7 millones, según el módulo 5 de la Encuesta Nacional de Hogares, al primer trimestre del 2022. Respecto a marzo de 2020, hoy existen 150,000 puestos de trabajo formales menos (4.70 versus 4.55 millones), y los informales se han multiplicado: hay más de 1.1 millones de personas que se han visto obligadas a entrar en este tipo de empleos.
Los salarios reales están 12% por debajo que los del 2019, una combinación entre la inflación acumulada, y el estancamiento de los salarios nominales (que no han crecido en más de tres años). Asimismo, el crecimiento de empleo en Lima Metropolitana respecto a niveles del 2019, se da principalmente en puestos de trabajo de subempleo; esto quiere decir que tienen niveles de ingreso por debajo de lo que pagaría el mercado para esa cantidad de horas. Los subempleados han crecido en 28% en estos tres años (casi medio millón de personas), mientras que los adecuadamente empleados cayeron en 10% (pérdida de 300 mil puestos de trabajo). También importa mencionar que el segmento que ha recuperado el empleo tiene más de 45 años y apenas cuenta con secundaria completa.
El diagnóstico es evidente: los peruanos mayores, con menor grado educativo, han tenido que salir a trabajar en puestos de trabajo mal pagados, muy probablemente por la destrucción del sistema previsional y por la desaceleración económica. Los jóvenes y universitarios no están consiguiendo empleo. El presidente Castillo aplaude lo que no es más que el producto de la necesidad. No existe ningún tipo de política de empleo implementada por su gobierno –ni el anterior– a la que se le pueda atribuir esta recuperación. Son simplemente peruanos con necesidad, sin pensiones, que han tenido que salir a trabajar. Los jóvenes no están encontrando trabajo, y los salarios son cada vez menores.
En definitiva, Castillo ha dejado a los peruanos de mayor necesidad a la deriva, planteando iniciativas antisistema como la Constituyente o la Segunda Reforma Agraria, que han dilapidado la confianza empresarial. Resultado: la inversión privada no crecerá este año, y la minera caerá 5%. Esto conlleva a que el aumento de la inflación, del tipo de cambio, y el estancamiento de los salarios, obligue a los peruanos de mayor edad y menor nivel educativo a salir a trabajar en lo que sea. En el Perú de Castillo, tenga la seguridad, que habrá más pobres en un país rico.
















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