Alejandro Arestegui
La peligrosa apología del estado social
Los insensatos defensores de un modelo fallido
Todos hemos sido testigos en estos últimos días de los terribles estallidos de violencia y destrucción que azotan a Francia y al resto del continente europeo. Podemos encontrar análisis sobre las causas y posibles repercusiones de este auténtico psicosocial en diversos medios, así como opiniones y perspectivas sobre estas protestas que desencadenaron la violencia. Sin embargo, en esta columna pretendo esbozar los peligros que significa romantizar las protestas, no entender el origen del problema y quizá lo más dañino para el Perú: idealizar el estado de bienestar.
Les contaré una anécdota mía. Hace cinco años, cuando cursaba el último año de la carrera de Derecho, llevé el curso de Seguridad y Previsión Social. La docente de dicho curso, en las primeras clases, nos hizo ver el documental “Sicko”, producido en el 2007 por Michel Moore. Para quienes no lo conozcan, Moore es un controvertido cineasta estadounidense muy afín a las ideas del ala más socialista del partido demócrata. El objetivo de la profesora del curso era convencernos de la necesidad de un sistema público de seguridad social en nuestro país. Esto incluye tanto un sistema de pensiones universal (llamado por algunos “sistema de reparto”) como la creación de un sistema de salud con cobertura universal y gratuita.
Este documental bastante tendencioso criticaba los supuestos abusos del capitalismo estadounidense y que el modelo económico americano carecía de servicios básicos como pensiones públicas dignas y un sistema de cobertura de salud gratuito. Para convencer a los espectadores Moore llegó a poner de ejemplo a Cuba como un modelo ejemplar de sistema de salud gratuito y universal. Para el caso de las pensiones y de las ayudas sociales a las familias Moore puso de ejemplo a Francia. Es aquí donde yo discrepé enormemente con la profesora cuando nos pidió a los alumnos comentar dicho documental. Aparte de que denuncié a la tiranía cubana y el espejismo de sus supuestos avances médicos, ya desde hace tiempo yo pronosticaba que el modelo francés se iba a agotar más temprano que tarde.
Tanto la profesora como muchos compañeros creían que simplemente yo era alguien de tendencia “neoliberal” y que me faltaba empatía y solidaridad al momento de buscar ayudas públicas para los más pobres y necesitados. El tiempo me terminó dando la razón, no en este octubre de 2026, si no ya en el pasado 2023. En ese tiempo yo califiqué lo sucedido en Francia como una “pequeña edad oscura”, ya que la situación de Francia se avizoraba poco alentadora. Esta pequeña edad oscura en la historia de Francia coincide con todos estos años de gobierno de Emmanuel Macron. Una muestra más de que el centro político, que apela a la sensibilidad a lo políticamente correcto y a llegar a “consensos”, no es más que una evocación a lo más mediocre, pusilánime y patético del sistema democrático moderno.
Así como mi profesora de seguridad social, existen decenas, quizás cientos de docentes a nivel escolar, técnico y universitario que creen firmemente que el Perú debe convertirse en un estado de bienestar siguiendo el estilo francés. Digo francés puesto, que, tras escuchar durante años argumentos tan falaces y absurdos, por más que mencionen a los países nórdicos, los pasos y sistema que pregonan son los de Francia. Lo que mucha gente, en su ingenuidad, o peor aún, en su ignorancia enseña a los más jóvenes es que el estado debe proveer cada vez más de derechos sociales y es el responsable directo de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Como diría Axel Kaiser, esta gente se ha infectado con un parásito mental, muy difícil de extirpar y que contamina nuestra sociedad: el parásito del estatismo. Durante años, a los europeos se les mintió diciendo que se tenía el mejor modelo económico del mundo. No por ser el más competitivo, pero sí el más “justo”, el más seguro, el más social, el que protegía a todos en tiempos difíciles. ¿En qué consiste el modelo europeo? Pues supuestamente en una economía eficiente y sostenible que genera riqueza acompañada de un estado social muy amplio que redistribuye buena parte de esa riqueza y asegura por esa vía una vida digna a todo el mundo. Durante años, el parásito mental se internó en la mente de los ciudadanos mediante la promesa del “contrato social europeo”. El estado de bienestar francés ha degenerado en lo que tenemos ahora, puesto que nació de una mentalidad enferma y nefasta: extraer más y más a los sectores más productivos de la sociedad para regalar dádivas a los menos productivos.
Como se crecía mucho, se podía distribuir, de tal manera que todos en conjunto mejoraban su calidad de vida. Y precisamente por eso los europeos se ufanaban de tener un modelo mejor que el estadounidense ya que aportaba a la cohesión social. En una sociedad donde prime la racionalidad y el debate alturado, le serviría mucho los datos que voy a nombrar a continuación. Entre 2008 y 2025 el PBI por habitante en Estados Unidos creció un 26% y en la Eurozona solo un 13%. Esto significaría que para el año 2050 los Estados Unidos duplicarían su renta per cápita, mientras que para alcanzar dichas cifras Europa tardaría un siglo. Ahora hablemos de uno de los motivos más importantes del malestar de los ciudadanos europeos y que, teóricamente, fueron la principal causa de las protestas: el encarecimiento del nivel de vida. Hay que precisar que en realidad lo que ha ocurrido no es que la vida sea más cara per se, sino que los salarios se han estancado.
Desde el año 2000 la renta disponible real por habitante ha crecido un 50% menos que en los Estados Unidos. Desde el año 2021 el crecimiento real de los salarios de un trabajador promedio oscila entre cifras inferiores al 0,5%. Todos estos datos los menciona el propio Mario Draghi en su informe del año 2024. Europa no solamente ha perdido competitividad frente a China y Estados Unidos, sino que la calidad de vida de sus ciudadanos se ha ido deteriorando gravemente desde inicios de siglo. Podríamos llenar páginas enteras de todas las cifras macro y microeconómicas que demostrarían el fracaso de la mayoría de los estados europeos, sin embargo, existe gente que aún con evidencia en mano se niega a ver la cruda verdad.
La ignorancia siempre ha sido la principal enemiga de la verdad. Durante años los políticos europeos han endulzado los oídos de los ciudadanos haciéndoles creer que el contrato social europeo era el modelo a seguir, estaban muy equivocados. Lo peor de todo es quizás el denominado “efecto Bruselas”, este fenómeno consta de qué países de diversas partes del mundo copian las regulaciones y las políticas públicas de la Unión Europea, causando en el intento, auténticos desfalcos económicos. Lo peligroso es que gente de la academia, gente que forma a los más jóvenes, gente que debería educar contrastando sus opiniones con la realidad son los primeros en defender recetas absurdas y fracasadas. Ya ocurrió en su tiempo con la Unión Soviética, son muy pocos los comunistas recalcitrantes que siguen hablando de años dorados que nunca existieron y de un estado que terminó colapsando internamente por sus propias contradicciones.
Ahora existen nuevos ilusos, que, si no defienden el modelo chino, defienden el modelo europeo. Ambos están equivocados y la realidad es su principal némesis. Esto constituye un auténtico peligro porque, mientras sigan enseñándoles dichas mentiras y falsas promesas a los jóvenes, cuando ellos vayan a votar terminarán apoyando a candidatos que prometen limosnas, dádivas, clientelismo. Estas nefastas “ayudas públicas” en estados como Francia terminaron convirtiéndose en una forma contemporánea de esclavitud, de dependencia sumisa y absoluta al estado. Sinceramente, eso no es lo que quiero para el Perú. No quiero que se le malacostumbre a la gente a que se la regalen migajas y que cuando éstas ya no puedan pagarse, la calle explote y los grupos de poder exijan tajadas cada vez más grandes. No quiero que el Perú se vuelva un pozo interminable de deuda que terminarán pagando los peruanos que aún no han nacido.
No quiero que el Perú terminé volviéndose un imán que atraiga a gente indeseable, inmoral y poco cualificada que venga a vivir parasitando a los ciudadanos de bien. Es hora de acabar ya con la mentira del “modelo de bienestar” europeo, ya sea francés, belga, español o nórdico. Todos son parte del mismo entramado estatista colectivista, que cegados por la fatal arrogancia, acabarán en el caos y la pobreza.
















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