Alejandro Arestegui
La izquierda y su enésimo guiño al fascismo
En España impulsa volver a la legislación del franquismo
Una vez más la izquierda española se comporta de manera autoritaria, injusta y tiránica para tratar de imponer, desde el Estado, la solución a un problema que el propio Estado ha causado. El partido izquierdista gobernante y sus aliados extremistas están impulsando una legislación totalmente injusta que en lugar de ayudar a solucionar el problema de la vivienda en España, lo va a agravar. En esta columna analizaremos estas nocivas regulaciones para comprobar que, en el fondo, la izquierda acaba de aprobar una legislación muy similar a la que estaba vigente durante la dictadura de Francisco Franco.
El pasado 29 de septiembre el PSOE y sus aliados radicales de Sumar aprobaron la promulgación del real decreto ley 26/2026. En este decreto se adoptan medidas urgentes para la “protección de la función social de la vivienda” y, supuestamente, la ampliación de la oferta de vivienda asequible. Este paquete normativo fue aprobado por el consejo de ministros de Pedro Sánchez tras el mediático desahucio de una anciana de 87 años llamada Maricarmen en Madrid, se acabó dividiendo y publicando formalmente en el Boletín Oficial del Estado como dos decretos-leyes diferenciados para facilitar su convalidación: el Real Decreto-ley 26/2026, de 29 de septiembre y un decreto de vivienda complementario, publicado de forma simultánea para regular aspectos adicionales del alquiler y prórrogas de contratos.
Los lectores quizás se preguntarán cuál es el problema con dicha legislación, si a fin de cuentas en teoría están buscando defender a los inquilinos más vulnerables y tratar de paliar el terrible problema de vivienda que padece España. El problema es que, si leemos ambos decretos, están autorizando de facto la prórroga forzosa indefinida, así como la congelación de precios a favor de los inquilinos, en detrimento de los legítimos dueños de las propiedades. La izquierda sale a decir que en ciudades grandes como Madrid muchas de las viviendas dadas en alquiler no son propiedad de individuos sino de enormes “fondos buitre” que especulan con la vivienda. Esto no es del todo cierto y ya en su primer día de vigencia, el real decreto ley 26/2026 ya ha provocado sus primeras víctimas: en cuestión de 12 horas, en los sitios web donde ofrecen alquiler existen ahora 2400 casas disponibles menos. Es natural que la gente sienta pánico ante tal nociva legislación y se ponga a proteger sus propiedades antes de que un inquilino que no te traiga provecho y que encima pueda prorrogar su contrato de alquiler a mansalva los arruinen económicamente.
Lo peor de todo es que esta nociva legislación emitida hace 2 días por el gobierno socialista es muy similar a la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964, promulgada durante el gobierno de Francisco Franco. Supuestamente los socialistas nos han vendido desde 1978 de que ellos son la antítesis del fascismo y del falangismo español, que supuestamente ellos son la encarnación del bien mientras Franco fue la encarnación del demonio en la Tierra ¿por qué entonces las legislaciones que desean promulgar son casi idénticas a aquello que juraron destruir? Sin duda alguna, la patética defensa de los partidarios del régimen es hilarante. Los defensores del nuevo decreto socialista afirman que esta nueva norma trae “justicia social y equidad de género”, aludiendo que supuestamente la señora Maricarmen había sido desahuciada hace unas semanas por culpa de la “legislación retrógrada y machista” emitida durante el franquismo. Sin embargo, los hechos son totalmente lo contrario, aparentemente la legislación utilizada para desahuciar a la señora Maricarmen en realidad fue el “decreto Boyer” y la nueva ley de arrendamiento urbano de 1994. Ambas leyes que se usaron para desahuciar a la señora Maricarmen fueron emitidas durante el gobierno de Felipe González (del partido izquierdista PSOE) pero que curiosamente había derogado las leyes franquistas que los izquierdistas del 2026 tanto critican.
El ministro Miguel Boyer durante el primer gobierno socialista había promovido cierta desregulación de la economía, esto implicaba también extinguir las prórrogas indefinidas de contratos y las congelaciones a los precios de alquiler. Curiosamente, algunas décadas después los socialistas actuales consideran dichas leyes injustas y ahora quieren volver a establecer una ley muy similar a la del franquismo, solo que ahora es con “inclusión social y equidad de género”. Una vez más, queda demostrada la rampante hipocresía, falsedad y manipulación histórica que la izquierda hace para poder imponer su legislación y su visión de cómo solucionar un tema que ellos mismos han causado. Numerosos economistas y especialistas han advertido durante varios años que el problema de la vivienda en España no es un problema de precios por culpa de la demanda, el problema es la poca oferta que hay de vivienda nueva.
Ante los numerosos trámites y trabas burocráticas que impiden que el sector privado pueda crear nueva vivienda en las ciudades donde se necesita se suma a la supina ineficiencia del estado en crear nuevos programas de vivienda pública. Paradójicamente, desde los años 50 el franquismo impulsó grandes programas de vivienda pública, que, en su tiempo, beneficiaron a miles de españoles, sumado a esto también a que numerosas propiedades se quedaron sin dueño tras la guerra civil y aquellas leyes podían llegar a tener cierto sentido. Ahora, la población española se ha quintuplicado pero el ritmo de creación de nueva vivienda no excede a las cien mil viviendas nuevas por año, un número infinitamente pequeño si comparamos con toda la enorme demanda nueva que se está generando.
La cosa no acaba aquí, debido a los numerosos problemas históricos relacionados con África, la izquierda española durante años ha reivindicado la figura del dictador Muamar el Gadafi. El vídeo explicativo de hace unos días obra del divulgador Rubén García, explica claramente el Libro Verde de Gadafi, tratado donde expone toda su ideología tercerposicionista de la Yamahiriya popular. Curiosamente si leemos cuidadosamente los capítulos del Libro Verde de Gadafi está proponiendo una suerte de corporativismo franquista adaptado a la sociedad libia de los años 70. Para Gadafi las instituciones naturales que permitirían florecer a la Yamahiriya popular son la familia, el municipio y el sindicato. Eso es exactamente lo que Franco promovía en España en sus primeros 20 años de gobierno y tiene símiles muy grandes con el fascismo italiano y con el nacionalsocialismo alemán.
El tema es que como Gadafi se declaró abiertamente antiimperialista y fue derrocado en 2011 por una coalición respaldada por la OTAN y Estados Unidos los izquierdistas alzaron a Gadafi como un héroe y un mártir. Se demuestra una vez más que son incapaces de leer siquiera un libro de elemental lenguaje el cual demuestra que el amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa o Christina Kirchner fue en realidad un falangista africano, que, como sus símiles europeos, realizó una grotesca fusión entre un nacionalismo exacerbado y el socialismo de estado.
En España se puede observar una vez más los grandes parecidos que tiene el fascismo con el socialismo. Ambos buscan tener un control férreo de todos los problemas sociales y tratar de darles una solución a través del estado, lo que desconocen, por impericia, por torpeza o por fanatismo ideológico es que la semilla de los enormes problemas sociales de todos los países del mundo radica en el estado y su fallida planificación estatal. España no es la excepción, sino otro ejemplo más del fracaso planificador.
















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