Dante Bobadilla
La izquierda avanza libre
Se ha apoderado de la justicia, los derechos y la democracia
La izquierda setentera tenía pasión por brillantes autores europeos del siglo anterior, a los que usaba como referentes de su pensamiento político infalible y “científico”. Esas ideas los llevaron finamente al genocidio terrorista y al fracaso económico. Pero la política sigue dependiendo de las ideas. Las personas actúan en función de ideas. La realidad les resulta secundaria. Incluso la entienden en función de las creencias que tienen. Desde que Marx anunció que la tarea de los filósofos ya no era interpretar la realidad sino transformarla, la izquierda se dedicó a crear diversas formas de cambiar la realidad. En este siglo tienen nuevas propuestas que ganan terreno rápidamente.
Hay propuestas orientadas a quitarle el poder al capitalismo mediante la trampa del ambientalismo climático. Las regulaciones cada vez más estrictas para el cuidado ambiental, lejos de perjudicar al capitalismo lo impulsaron, creando nuevas tecnología limpias. Ante esto, la izquierda ha optado por radicalizar su postura mediante los acuerdos internacionales de preservación del medio ambiente, involucrando en las decisiones a las comunidades y oenegés. Con esto garantizan la parálisis de las actividades extractivas.
El otro frente ideológico es la imposición del género en reemplazo del sexo, para incorporar al gran contingente de personas con algún tipo de trastorno de la sexualidad, que siendo tan amplios y variados se reducen a denominarlas con el conjuro LGTBIQ+, otorgándoles categoría ya no solo de normalidad sino de privilegio. Este capricho ideológico no solo brilla por su irracionalidad, sino porque claramente resulta impracticable, incluso en el lenguaje que ha sido el primer afectado. Pero hasta en este frente patológico perdemos la batalla por la falta de compromiso de la derecha, si es que este sector político existe. El lenguaje inclusivo conquista cada vez más adeptos fuera de la izquierda, así como las poses a favor de toda forma de igualitarismo social.
Al igual que en el siglo pasado, no sabemos enfrentar a la izquierda. Dejamos que ellos se apoderen de la iniciativa, del discurso y de todas las causas, incluyendo la justicia, los derechos y la democracia. En lugar de confrontarlos, sale gente de la derecha a sumarse a esas poses. Se asume que esas son las posturas correctas y el rumbo que debemos seguir. Nos han impuesto la verdad que han querido a través de la Comisión de la Verdad que casi todos aplaudieron –incluyendo Keiko Fujimori–, nos han hecho comulgar en el Museo de la Memoria, les hemos dejado apoderarse de la educación y la cultura, convertir a la sociedad en dependientes del Estado y mucho más. La izquierda avanza en campo libre.
¿Cuál es la respuesta de la derecha y de los sectores liberales? Sólo tímidos reflejos. Tenemos una variedad de liberales a la carta que creen que se puede ser liberal para unas cosas y no para otras. También están en la búsqueda de autores que les sirvan de inspiración para elegir una etiqueta distintiva y citar sus textos como versículos bíblicos que definen la verdad. Siguen creyendo que el pensamiento filosófico europeo es útil en nuestra realidad, en un país que jamás ha pasado por una época de ilustración ni una reforma religiosa, y que en grandes aspectos permanece aún en la Edad Media, con una masa iletrada que es cada vez menos leída y más confusa, con instituciones de cartón. Acá nunca hubo revolución industrial, la ciencia es un paraje remoto cercano a la fantasía, la tecnología es toda importada. Ni siquiera hemos resuelto nuestros problemas más básicos. Hasta nuestra identidad está pendiente. Estamos más cerca de ser una tribu que una república. Partamos por allí.
Por su lado, la derecha confesional vive mirándose el ombligo, más preocupada en defender sus dogmas y doctrinas que en enfrentar la arremetida de la izquierda. Solo tienen dos temas: vida y familia. Etiquetas que en encubren su verdadera naturaleza anti aborto y anti matrimonio gay, que derivan de sus viejos prejuicios sobre el rol de la mujer en la sociedad y de sus traumas bíblicos contra el sexo, que los llevan a condenar a todos los homosexuales por pervertidos y a las mujeres por impuras. El resto es discurso candoroso y mensaje apocalíptico. Y mientras la derecha se encierra en sus cónclaves a escucharse a sí misma, la izquierda sigue conquistando más poder gracias al control del Estado y de los medios.
Quien no conoce a su enemigo será incapaz de enfrentarlo. Quien prefiere atrincherarse en su verdad antes que salir a combatir con las mismas armas del enemigo, será rebasado.
















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