Dante Bobadilla
La feria electoral
Las malas ideas siempre suenan bien
Tal parece que el nuevo Congreso será más de lo mismo, como era lógico esperar. Nada se ha hecho por mejorar el nivel de los postulantes al Congreso. A ver si la gente ya se da cuenta de que ha sido engañada por Vizcarra con el cuento de las reformas políticas. Ninguna sirve.
Cada vez que se habla de reforma política lo único que se ha hecho es destruir el sistema de partidos y empeorar las cosas. Y es que las reformas en este país se hacen como reacción a una situación puntual que de pronto cobró relevancia mediática. No se hacen pensando en un real sistema político que garantice las libertades y derechos de los ciudadanos. Por el contrario, los objetivos son, en muchos casos, obstruir a los enemigos políticos. Por ejemplo, cada vez que se habla del voto facultativo, sale uno de la izquierda a oponerse porque “eso favorece al Apra”.
Si las reformas buscaran defender los derechos ciudadanos y los fundamentos democráticos, no habríamos incurrido en la salvajada de prohibir la reelección de congresistas. Esta reforma se hizo basándose únicamente en el odio, que es uno de los más frecuentes componentes que inspiran las reformas de nuestro país. A nadie se le puede negar su derecho a ser candidato, y solo el pueblo tiene la potestad de elegir o no elegir. Pero estos principios tan simples, claros y elementales son pasados por alto para imponer un criterio basado en el odio y la mezquindad.
El sambenito de que debemos renovar la política y que los candidatos deben ser jóvenes o mujeres obedecen a una visión sesgada y pobre, oculta tras la pose buenista que tanto les encanta adoptar a los charlatanes de la prensa. Ni la edad ni el sexo importan nada para efectos de una representación política, pues esta se basa en ideas. La juventud no es garantía de buenas ideas. Por el contrario, es casi garantía de inexperiencia y falta de visión. Lo que se necesita en el Congreso es gente con trayectoria laboral o profesional, y preferiblemente con experiencia política partidaria. Nadie debería iniciar su vida política como congresista, ni mucho menos como presidente. Hay muchos otros estamentos previos.
La mayoría de las propuestas que se sustentan en el buenismo social son pésimas ideas. Por lo general, las ideas que suenan bien son malas. Como ese disparate de la paridad de géneros, otra joya del buenismo social. Imponer esta clase de medidas iluministas orientadas a buscar transformaciones sociales es totalitarismo puro y chabacano. La ideología de género es una moda política aberrante que debe ser enfrentada en vez de ser acogida. Está fuera de lugar en un ambiente democrático donde prima la democracia y libertad para elegir, y en una sociedad que debería aspirar a la meritocracia antes que al igualitarismo forzado.
Lamentablemente las malas ideas siempre suenan lindo. Y lo que es peor, las ideas fracasadas siguen repitiéndose precisamente porque siguen sonando bonito. Por eso tenemos ahora una andanada de propuestas legislativas por parte de candidatos que parecen loros de feria, con frases como “fortalecer la presencia de la juventud, la mujer, las provincias, etc.”. Nos siguen ofreciendo la pena de muerte, pese a su imposibilidad reiterada mil veces. Insisten en el refrito de la regionalización y descentralización, llevándola incluso al nivel de Lima metropolitana. Nos ofrecen sacar a los militares a custodiar las calles, pese a que la Constitución señala claramente las funciones de las Fuerzas Armadas. Lo mejor es apostar por partidos y personajes conocidos. Más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer.
















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