Alejandro Arestegui
La epidemia de los “opinólogos”
Las nefastas consecuencias de las opiniones nada informadas
En estos últimos días estuve reflexionando sobre un tema que nos atañe a todos como sociedad. Muchas veces se habla, incluso en demasía, de la importancia de la tolerancia y de la primacía de la libertad de expresión. Sin embargo, esta libertad tiene unos límites muy claros, pero que muchas veces no se tienen en cuenta. Con frecuencia se confunde la libertad con el libertinaje; y es que tener derecho a opinar no significa que la gente pueda esbozar ideas de lo más desinformadas. En esta columna pretendo dar dos ejemplos claros de este fenómeno, que no hace más que expandirse y difundirse gracias a los medios tecnológicos que se disponen hoy en día.
El primero de estos es un ejemplo trivial, quizás un tema que no tenga tanta importancia en la sociedad, salvo cada cuatro años. Me refiero al Mundial de Fútbol, que está a la espera de la gran final entre Argentina y España. Los futboleros, los que verdaderamente somos apasionados de este deporte, tenemos que soportar cada cuatro años opiniones variopintas provenientes de personas que prácticamente no conocen, no ven ni juegan fútbol, salvo en el Mundial. Hace tan solo unos días, en mis propias redes personales veía comentarios de todo tipo en contra del entrenador de la selección de Inglaterra, el alemán Thomas Tuchel, por aparentemente fallar en el planteamiento táctico en el partido de semifinales contra Argentina. Gente con una visión muy limitada y superficial compartía opiniones y juzgamientos totalmente fuera de sentido y con la máxima ignorancia y desinformación posibles.
Si esto uno lo puede ver en sus contactos en sus redes personales, este fenómeno de ignorancia y desinformación se ve mucho más ampliado con youtubers e influencers que tampoco saben de fútbol, pero que poseen una audiencia muy abundante, expandiendo así la desinformación, los prejuicios y la ignorancia. Usted como lector se preguntará si mi persona tiene fundamentos para acusar a alguien de ignorante en fútbol, la verdad es que sí los tengo. Haber estudiado durante dos años para poder obtener una licencia profesional de entrenador emitida por la Federación Peruana de Fútbol me permite hablar con conocimiento de causa. Cuando uno funge de entrenador y se encuentra dirigiendo un partido profesional existen innumerables variables a tomar en cuenta antes de tomar una decisión. Muy aparte del planteamiento táctico y del posicionamiento de sus jugadores existe el factor psicológico, la psique de los jugadores que se encuentran disputando el encuentro, pero también de los suplentes y de todo el staff técnico.
Lamentablemente la opinión pública es muy cruel, juzga a los perdedores y alaba a los vencedores. Si la selección de Inglaterra hubiese clasificado a la final, los comentaristas ignorantes y poco preparados se hubiesen dedicado a aplaudir el planteamiento de Tuchel. Muchos lo hubiesen vendido como una masterclass de cómo parar a un jugador tan importante como Lionel Messi y Tuchel hubiese quedado como un genio táctico. Sin embargo, como ocurrió totalmente lo contrario se achaca totalmente su responsabilidad, cuando los que juegan en la cancha son los principales causantes de la derrota inglesa. Muchas veces de nada sirve un excelente planteamiento táctico e indicaciones claras y precisas si los jugadores dentro del terreno de juego se encuentran desconcentrados, ansiosos y psicológicamente devastados. Cualquiera lo puede ver, más que un empuje futbolístico, las ofensivas finales argentinas fueron contundentes en el plano mental, un empuje psicológico qué acabó derrumbando a los ingleses. Aducir que tal o cual jugador hubiese cambiado la ecuación del partido es desconocer las innumerables variables que uno tiene que tomar en cuenta cuando es entrenador de fútbol, por ende, son opiniones superficiales, que no deberían ser tomadas en cuenta por la gente. Lamentablemente, esto no ocurre. Hoy que se posee información y que se dispone de cursos online, de libros de táctica en fútbol y tantas otras herramientas para poder informarse, priman las pasiones, los sesgos y los análisis rampantemente simplistas, una verdadera lástima.
Y aquí es donde entra mi segundo ejemplo, en un aspecto mucho más importante y trascendente en la vida de toda una sociedad. Cuando llega el momento de las elecciones, los países siempre experimentan fenómenos de división, polarización y discusión. Las fake news y los bulos de todo tipo llenan el debate público, ennegreciendo la contienda electoral. Sin embargo, vemos que al igual que el Mundial de Fútbol, el mismo fenómeno se repite y a una mayor escala. Muchísimos individuos que nunca hablan de política en las discusiones amicales, familiares, laborales o en cualquier otro entorno, pareciera que se vuelven auténticos “opinólogos expertos” en el tema. Aquí el impacto es mucho más preocupante, puesto que estamos hablando del futuro político del país, el debate se llena de preconceptos y de estereotipos que evitan discutir y analizar las cosas verdaderamente importantes. Las redes sociales están siendo como una cámara de eco de dichas opiniones desinformadoras y que tergiversan lo trascendental en el momento de elegir. Ojo, tampoco estoy diciendo que todos los ciudadanos tengan que pasar por la facultad de ciencia política, más aún tras haber escuchado el nefasto discurso de aquella egresada de la PUCP, por cierto, aplaudido, compartido y difundido por medios de izquierda. Este fenómeno de desinformación mundial es masificado por el uso de las redes, que sirven para difundir dichos mensajes erróneos, muchas veces direccionados incluso para favorecer a tal o cual candidato a través del algoritmo.
¿Qué es lo que podemos concluir de esta reflexión? Un sector importante en la sociedad está claramente abusando de su derecho de libertad de expresión. Este abuso causa estragos pues envilece y torna más superficial el debate público, imbuyendo a todos en una espiral de ignorancia y de deterioro cultural. Posteriormente, cuando la gente exige mejores decisiones, mejores candidatos o mejores propuestas al final ellos terminan siendo los causantes del estado deplorable en el que se encuentra nuestra sociedad, inculta y anti-intelectual. Ante esto, muchos confundidos estarían bregando por la censura a la libertad de opinión a través del Estado, esto solo empeoraría las cosas y sería abrir la puerta a la arbitrariedad y al totalitarismo.
¿Qué es lo que yo exijo en todo esto? Personalmente yo exijo algo mucho más funcional y útil que pedir la censura estatal. Lo que estoy hablando es algo mucho más difícil de implementar pero que tarde o temprano debe darse el primer paso: la responsabilidad individual. El derecho a la libre expresión tiene que ir acompañado necesariamente con una reflexión personal, con una toma de conciencia. Si yo no conozco del tema “x”, me reservo el derecho a opinar, si deseo participar en el debate público, debo tomarme la molestia y el tiempo de informarme. Ya lo decía Marco Aurelio Denegri en uno de sus programas, citando a la sagradas escrituras: “antes de hablar, infórmate” (Eclesiástico,18:19). En el siglo XXI, cuando la mayor parte de la información y el conocimiento humano están a un solo clic de distancia, irónicamente parece que es el siglo de la desinformación. Quizá esa facilidad ha sido en parte la causante de la displicencia y el desincentivo que hay para informarse, cultivar su intelecto y aportar verdaderamente al debate público con una opinión, al menos, mínimamente informada.
















COMENTARIOS