Jorge Varela
Temas del socialismo chileno
Ya no tiene ideas ni objetivos claros
La vida y la historia humana avanzan sin pausas ni reposo, hacia un destino llamado progreso, pero a veces se detiene y retrocede para luego reemprender el trayecto suspendido. ¿El retorno es parte del itinerario? ¿El devenir trascendente de la historia es rectilíneo o circular?
La política se enfrenta también a los mismos desafíos, dilemas y sinuosidades. Los caminos de la historia y de la política no son fáciles de transitar. En cualquier recodo puede haber un escollo o surgir el imprevisto que provoque la caída fatal.
Declaraciones impactantes
El sentido de las reflexiones anteriores encuentra su razón en declaraciones recientes emitidas por José Miguel Insulza, líder importante del socialismo chileno, exsenador y ex exministro del Interior, quien se ha referido a la actual coyuntura y al rol de su colectividad. No es el único personaje que está inquieto ante el futuro del Partido Socialista. Max Colodro, un conocido analista y académico, sostiene que en el socialismo democrático -específicamente en el PS- existen dos almas: una mayoritaria –heredera del estallido social de 2019, del ‘apruebo’ y del gobierno de Gabriel Boric– dispuesta a continuar su alianza con el Partido Comunista y el Frente Amplio; y otra minoritaria que no se resigna a dicha condición, pues no quiere seguir siendo un apéndice devaluado del gobierno anterior.
El síndrome socialista
Hace más de un año la seguidilla interminable de decisiones absurdas y autolesivas que adoptara el Partido Socialista fue materia del siguiente comentario periodístico: “el Partido Socialista se comporta como un niño taimado, escenificando pataletas que no logran ningún objetivo político. Al revés”.
Según el sociólogo Eugenio Tironi, el PS se comporta como lo ha hecho sistemáticamente a lo largo de su historia. “El PS nace de la confluencia de caudillos populares diversos, no como una fuerza que dote de expresión política a un movimiento social ni dé estructura orgánica a una ideología omnicomprensiva”. Es decir, para Tironi el PS es un ente difícil de domeñar.
Es la misma espiral decadente de hace unos días, que se prolonga y no tiene final. Las pataletas, rencillas y conductas que parecen sorprendentes en el comportamiento de los dirigentes del PS, no lo son; constituyen un padrón recurrente: es “el síndrome socialista”.
El PS abdicó a la conducción
Con razón Insulza ha dicho: los socialistas “hemos abandonado nuestra vocación de poder planteándonos cosas completamente imposibles desde hace ya unos 20 años. Desde el fin del gobierno de la ex Presidenta Bachelet, nosotros hemos abdicado a la conducción de un movimiento popular. El esfuerzo tiene que estar en esa dirección. Ahora, eso no puede significar, sin embargo, exigirle a todos los demás que piensen como nosotros”. “El PS liderando (eventualmente) una coalición de izquierda tiene el problema del atraso que hay en algunos otros sectores de la izquierda respecto de los temas fundamentales del socialismo”. Habrá pues, que olvidarse de verlo convertido en primus inter pares de la centroizquierda chilena.
Hacia una definición socialdemócrata
Insulza se ha pronunciado además contundentemente a favor de “una economía conducida democráticamente, que no reniega, no solamente no reniega, sino que proclama la necesidad de un modelo económico basado en la propiedad y en el mercado”.
“El PS tiene que definirse como un partido socialdemócrata. Eso no lo ha hecho nunca. El Partido Socialista de Chile todavía sigue teniendo un concepto de modelo económico completamente distinto al que ha aplicado en los últimos 30 años. Eso hay que variarlo. Debemos aceptar la economía de mercado como realidad, la única realidad que ha funcionado en la historia de la humanidad. Por lo tanto, veamos la forma de mejorarla y pulirla, pero no sigamos diciendo que queremos un sistema estatista”.
En resumen
Sin ideas, sin objetivos claros el socialismo chileno se ha convertido en un ente vacío que deambula a través del delirio ideológico-táctico circundante, cuyas narrativas torpes y deficientes no logran movilizar con eficacia las energías sociales del país. ¿En qué momento de la historia se extravió el Partido Socialista? La cuestión que lo desgarra no es solo un asunto de modales de convivencia indecorosos entre sus miembros; va más allá, es algo dramático que afecta su proyección. Hoy es un lanchón desvencijado a la deriva –sin brújula, sin timón, sin motor–, que carece de una carta de navegación actualizada y perdió de vista la inmensidad del horizonte.
















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