Manuel Gago
Hacia la modernización total
Entre el especialista y el multiprofesional
El debate comenzó en mis primeros años ejerciendo como ingeniero mecánico en la mina Toquepala: o el especialista o el multiprofesional. Por entonces, en una especie de círculo de calidad, se discutía cómo hacer más eficientes las actividades mineras reduciendo jefaturas y unificando –por ejemplo– los talleres de mantenimiento y de otras operaciones, todas a cargo de la empresa Southern Perú Cooper Corporation (SPCC).
La idea transformadora tenía un principio simple: la razón de las escuelas son los escolares, y la razón de los hospitales son los enfermos. Y la razón de la minería es la extracción y transformación de minerales, y no hacerse cargo del mantenimiento de equipos y maquinarias, ni de los servicios periféricos necesarios. Surge entonces la llamada “tercerización” para no distraer a las empresas de su razón de existir. Con los años, la modalidad hizo del trabajador –aunque los comunistas digan lo contrario– más competitivo y con mejores ingresos. La tercerización democratizó la riqueza y por ella surgió la nueva clase media rural.
Por entonces se decía que más adelante la oferta de servicios, en lugar de los bienes, sería la actividad preponderante en el mercado. Y así, siguiendo las ideas transformadoras, surgió la interrogante: ¿para qué comprar lo que se puede alquilar? Mientras las escuelas de negocio preparaban nuevos gestores, los coches bombas, paros armados y asesinatos selectivos ejecutados por Sendero Luminoso eran el pan de cada día. El Estado controlaba las principales actividades económicas y eran visibles el empobrecimiento de la población y la ausencia de productos y de servicios públicos de calidad.
Keiko Fujimori ofrece un gobierno “metódico, disciplinado, perseverante y con ruta clara”. Ese gobierno deberá ofrecer resultados reduciendo costos y extendiendo los servicios públicos para, finalmente, satisfacer a los pobladores. Tendrá que dirigir el gobierno como una empresa privada. En este contexto, “no importa el color del gato sino que cace ratones”; es decir, no importa quiénes dirigen ministerios e instituciones sino que ofrezcan resultados prontamente, reduciendo los recursos humanos y materiales. La burocracia pública con sus gastos es escandalosa.
Vale señalar que las empresas eficientes centralizan sus compras buscando la mejor calidad y los mejores precios, formas de pago, entregas oportunas y posventa. La idea es reducir las posibilidades de corrupción. Menos personas deciden qué y a quién comprar, y cuánto y cómo pagar. La logística determina qué es rentable y qué no.
No es mala idea la de crear un ministerio de infraestructura que se ocupe de los edificios públicos. De esta manera la construcción de colegios, hospitales, comisarías y demás estarían a cargo de quienes saben administrar los recursos de manera competitiva y eficaz. Y para impulsar los contratos de gobierno a gobierno, obras por impuestos, asociaciones público-privadas y todo aquello que reduce posibilidades de corrupción. Si a la industria nacional le va bien y también a sus trabajadores y proveedores, ¿por qué al Estado le podría ir mal?
Keiko Fujimori ofrece “metas medibles, proyectos coherentes con la realidad y rendición de cuentas para transformar las bases de la convivencia”. Ha dicho también que “el poder tiene sentido cuando se ejerce para servir y favorecer a las personas ubicadas al margen del progreso”.
La transformación del Estado es vital. Según una encuesta de Ipsos, el 71% de la población aprueba otorgarle la oportunidad de gobernar. Es el momento de aprovechar la oportunidad y la popularidad.
















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