Úrsula Letona
En riesgo el futuro del país
La polémica en torno al proyecto Tía María
En la anterior entrega señalamos, con ocasión de la oposición de la izquierda al proyecto Tía María, que esa oposición pasa por desmontar el modelo económico que nos ha permitido sacar de la pobreza a millones de peruanos. Hemos logrado disminuir la pobreza de 55%, a inicios de los noventa, a menos del 20% en la actualidad. Esto gracias al modelo económico instituido con la Constitución de 1993, lo cual es contrario a todo lo que hizo la izquierda entre el 1960 y 1980, lapso en el que se incrementó la pobreza. Vale citar a Xavier Sala i Martín sobre este punto cuando afirma “El capitalismo no es un sistema económico perfecto. Pero cuando se trata de reducir la pobreza en el mundo, es el mejor sistema económico que jamás ha visto el hombre”.
La pretensión de la izquierda es destruir la estructura económica del sector privado. Eso es un fundamento esencial para el modelo que ellos pretenden instituir —ha sido explicado ampliamente por la literatura económica—, pues buscan destruir la libertad económica. Asimismo, tienen claro que así logran que grandes segmentos de la población se hagan dependientes de las prebendas que otorga el Estado ante la poca o nula inversión privada, lo cual les permitirá neutralizar las resistencias a su estrategia de copamiento del poder. Ejemplos diversos los tenemos muy cerca: Bolivia, Venezuela y Nicaragua, entre otros. Este razonamiento es lo que determina la oposición de la izquierda a todos los grandes proyectos de inversión que se vienen gestando en nuestro país, como es el caso de Conga, Tía María y otros. Ratificamos nuestra apreciación de “más pobreza = más izquierda” cuando observamos los resultados de las últimas encuestas, que nos evidencia que la mayor aceptación de la izquierda se encuentra en el sector E.
Para el propósito explicado previamente, utilizan un discurso eficaz, pero revestido de muchas falacias, siempre invocando a la democracia, luego poniéndola en un escenario y usándola de forma plebiscitaria para concentrar el poder del Estado y destruir las instituciones que permiten justamente el desarrollo de la democracia. Se genera un proceso de demolición de las instituciones, especialmente en lo que toca a la libertad económica, demolición realizada en gran parte apelando a la democracia. Asimismo, aprovechan los mecanismos electorales para hacerse del poder, como bien lo señalan Kaiser/Alvarez. Utilizan frases como “el pueblo quiere” y, por lo tanto, no se puede decir nada porque al final el soberano es el pueblo. Trastocan de esa forma el fundamento esencial de la democracia, que es la mejor herramienta política hasta hoy desarrollada para la protección de los derechos individuales, cuyo ámbito de acción y límites están en la protección de los derechos de las personas, y no en su transgresión recurrente, como lo hacen los gobiernos de izquierda y los populistas.
Contrariamente a la práctica de la izquierda, los ciudadanos tenemos capacidad de resistir el poder cuando hay un ejercicio pleno de nuestras libertades. Especialmente la libertad económica, que permite generar capacidades que otorgan independencia respecto de quienes ejercen el poder, y que a la vez nos permite exigir respeto por nuestros derechos y generar los espacios necesarios si este respeto no se garantiza o es vulnerado.
En la situación en la que se encuentra el país, un proyecto como Tía María debería llevarse a cabo, pues será la suerte que correrán otros muchos proyectos mineros que involucran grandes inversiones. De lo contrario nos enfrentaremos a un escenario en el que los propios inversionistas decidan abandonar esos proyectos por la falta de seguridad jurídica y principio de autoridad del Estado. Nos toca comprometernos más con el futuro que enfrentaremos de forma activa, o se hará realidad el escenario que como hipótesis plantea Waldo Mendoza en su artículo “¿Cuándo puede joderse el Perú?”. Según Mendoza, eso ocurrirá cuando la izquierda asuma el mando de nuestro país.
















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