Dante Bobadilla

El virus del Papa

La desigualdad es un virus que enferma a la economía mundial

El virus del Papa
Dante Bobadilla
26 de agosto del 2020


“La pandemia ha revelado la desigualdad social”, es una de las frases más relamidas de los últimos meses. Y si cambiamos “pandemia” por cualquier otra cosa, podemos armar la lista más larga de retórica progresista que uno se pueda imaginar. Pero esta vez no ha sido un progresista cualquiera quien ha repetido el discursillo de la desigualdad social, sino el mayor de todos: el Papa Francisco. 

En su catequesis de hoy, titulada “Curar el mundo”, Francisco no nos ha dado la fórmula para salvarnos del coronavirus, sino para eliminar la desigualdad y para salvar el planeta, pero del egoísmo. Según el Papa, la desigualdad es una enfermedad social, un virus que viene de una economía enferma. Este es el virus del que nos debemos preocupar. Con otras palabras, afirma que la propiedad privada no existe, que nosotros no somos dueños de nada sino “administradores” temporales de los bienes que Dios nos ha donado, y debemos usarlos pensando en los demás. Advierte también que el deseo de poseer es un pecado. “Ese no es el diseño de la creación”, subraya interpretando a Dios.

Honestamente, el mensaje papal ha sido el discurso de izquierda más gastado que se haya oído jamás. Decir que en el mundo de hoy unos pocos poseen más que todo el resto de la humanidad, carece de originalidad y brillo intelectual. Es algo que se repite hace siglo y medio. A Bergoglio solo le faltó levantar el puño al proclamar “¡Es una injusticia que clama al cielo!”. Y francamente me sorprende que el Papa recurra a esta retórica trillada en momentos en que la humanidad la pasa tan difícil bajo la amenaza de un virus letal, del que muchos se preguntan si es parte del diseño de la creación.

Mientras el Papa se ocupa de la desigualdad que el coronavirus le ha revelado, los creyentes se preguntan si esta pandemia es un castigo divino. Una interrogante que ha atormentado a las personas desde la “peste negra” en el siglo XIV. En aquellos días la Iglesia era la máxima autoridad y la única que daba todas las explicaciones. Y en efecto, la Iglesia sentenció que la peste negra era un castigo divino y que los culpables eran los judíos, dando así inicio al primer gran pogromo. Siglos después, durante la pequeña era del hielo que congeló a Europa, la Iglesia sentenció que la culpa era de las mujeres, abriendo así la temporada de cacería de brujas. Por suerte, el Papa Francisco solo se ha ocupado hoy de la desigualdad, culpando a los ricos.

Pero aunque el Papa esquive las explicaciones divinas sobre el origen de esta peste moderna, la masa conservadora parece haber hallado la respuesta en la negación. Para ellos esta pandemia simplemente no existe. Todo sería obra de la manipulación de los grandes poderes fácticos que controlan los medios y los gobiernos desde organismos como la OMS. Nos están engañando con cuentos de terror. El virus –que ha sido fabricado en un laboratorio chino– solo sirve de anzuelo para el engaño. La pandemia es falsa y debemos rechazar los intentos del Gobierno para someternos a través del miedo. Y defender nuestra libertad.

En cambio, el Papa Francisco le ha encargado al Estado la misión divina de defender la igualdad social. Para asegurar que lo que poseemos lleve valor a la comunidad, «la autoridad política tiene el derecho y el deber de regular en función del bien común el ejercicio legítimo del derecho de propiedad». La «subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes [...] es una “regla de oro” del comportamiento social y el primer principio de todo el ordenamiento ético-social». Debemos someternos, pues, a la autoridad del Estado, que dictará lo mejor para que nuestros bienes sean orientados al disfrute colectivo. 

Mientras el Papa Francisco se ocupa de desterrar el virus de la desigualdad y los creyentes se empeñan en negar el virus “chino”, porque no puede ser parte del diseño de la creación, el Gobierno parece empeñado en implantar la igualdad social pero en la miseria, previo derrumbe de la economía. Como sea, tendremos mucha suerte si logramos sobrevivir al designio del Papa, al virus chino y al Gobierno sin brújula ni manual. Tarde o temprano la realidad hace lo que tiene que hacer, sin importar lo que los seres humanos crean o deseen.

Dante Bobadilla
26 de agosto del 2020

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