Aaron Salomon

El terror a caer en lo políticamente incorrecto

Para la mayoría, el Ejecutivo es bueno y el Congreso es malo

El terror a caer en lo políticamente incorrecto
Aaron Salomon
28 de octubre del 2019


Estamos en una situación en la que no se puede andar con medias tintas: el presidente de la República, Martín Vizcarra, ha asestado un golpe de Estado al cerrar inconstitucionalmente el Congreso. Y hablamos de que el mandatario quebró la Carta Magna debido a que en ninguna parte del texto de 1993 aparece que una cuestión de confianza puede ser denegada “de facto”. Esta debe ser aprobada o rechazada en votación por el Pleno del Parlamento, así que no caben más interpretaciones.

Desafortunadamente, en el Perú priman los eufemismos. Líderes de opinión, opinólogos o políticos, que se han mostrado en contra de la clausura del Legislativo dicen –para no perder las formas– que Vizcarra no se ciñó, precisamente, al marco constitucional, pero hasta ahí queda su crítica. Les tiemblan los labios cuando lo que corresponde es llamar golpe a lo que es golpe, como el de Fujimori en 1993. ¿Qué es sino cerrar otro poder del Estado sin ningún sustento legal? Hasta el propio titular del Parlamento, Pedro Olaechea, se muere de miedo de ser políticamente incorrecto y ahora dice no estar seguro de que estemos frente a un nuevo golpe de Estado, cuando antes salió al frente a decir todo lo contrario. 

Sucede que hablar sin pelos en la lengua es harto impopular. Lo popular aquí es seguir a la masa –engañada por la gran prensa que vive de publicidad estatal– que afirma que hay que voltear la página y pensar en las elecciones congresales de enero del 2020. Ya ni siquiera importa saber el pronunciamiento del Tribunal Constitucional, como ha recomendado la OEA y la Defensoría del Pueblo, acerca de la constitucionalidad de la disolución del Congreso. 

Lo “políticamente correcto” es opinar que el Legislativo –nos guste o no democráticamente elegido por todos los peruanos– tenía que ser clausurado porque era “obstruccionista” y no dejaba que el Ejecutivo gobierno. Y, frente al temor al aislamiento social provocado por una opinión divergente a la de la masa, el ciudadano común optará por aplaudir como foca al presidente de facto. De lo contrario, correrá el riesgo de que sus pares le pongan el sambenito de fujiaprista. 

Para la mayoría maniquea, los del Gobierno son los buenos, mientras que los ahora exlegisladores son los malos de la película. Pero no todo es blanco o negro. Ambos poderes del Estado sirven de contrapeso y cada uno tiene diferentes funciones: el Ejecutivo, valga la redundancia, ejecuta el presupuesto; el Legislativo, fiscaliza, legisla y representa. No se trata de afirmar ciegamente que el Parlamento no era –por decir lo menos– un desastre: no lideró ninguna reforma significativa, lo que permitió que un dignatario incompetente alcance tremendo respaldado callejero al golpearlo como saco de boxeo. Ni tampoco que este es un buen Gobierno, cuando no tiene ninguna obra que mostrar. 

Otro ejemplo. Lo que viene sucediendo en Chile se llama vandalismo, y no protesta “pacífica” en búsqueda de la utópica igualdad social y en rechazo al Gobierno del mandatario Sebastián Piñera. A los que queman edificios y saquean comercios hay que llamarlos por su nombre: delincuentes. Sin embargo, la prensa tradicional acá ensalza las violentas manifestaciones, que ya han provocado 19 muertos, y simplemente rescata lo curioso que resulta ver entonar ‘El baile de los que sobran’, de la banda Los Prisioneros. ¿Se habla, acaso, de que la desigualdad en Chile, según el coeficiente de Gini, se ha reducido a 0.46, cuando estaba en 0.51 en el 2002? ¿Acaso se comenta que la pobreza en el país sudamericano no supera el 10%? 

¿Cómo, entonces, se preguntará el lector, podemos llegar a tener una opinión mínimamente coherente? Lo primero es no asustarse en ser la oveja negra que no sigue a la masa que piensa de determinada manera; y, lo segundo, es recoger información de medios de comunicación de diversas líneas ideológicas. Sacarse la venda de los ojos está a un googleo de distancia.

Aaron Salomon
28 de octubre del 2019

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