Dante Bobadilla

El neofascismo criollo

El fin supremo del Estado debe ser la defensa del ciudadano

El neofascismo criollo
Dante Bobadilla
23 de septiembre del 2020


El Duce Benito Mussolini nos dejó esta frase célebre: "Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada en contra del Estado". A estas alturas pienso que esa frase debería colocarse en el escudo peruano, pues resulta muy representativa del pensamiento nacional. El estatismo es la ideología predominante en el Perú. Es el neofascismo andino que incluso idolatra al gobernante autoritario con alardes de dictador, aunque nos conduzca a la debacle y la miseria.

El reciente fallo del Tribunal Constitucional, que favorece a la Sunat y afecta los intereses de ciudadanos y empresas, es una muestra más del estatismo que se practica en el Perú como doctrina oficial. Aunque la Constitución señala que el fin supremo del Estado y de la sociedad es la defensa de la persona humana, lo que ocurre en los hechos es que la defensa del Estado tiene toda la prioridad. Las pruebas más recientes son los festejos vistos a favor del fallo fascista del TC, que coloca una espada de Damocles sobre la cabeza de los peruanos. 

Expresiones bárbaras como “ganó el Perú” fueron dichas por diversos sectores tras el fallo del TC a favor de la Sunat. Esto quiere decir que en el cerebro de estas personas existe tal confusión que creen que el Perú es el Estado. O tal vez que la Sunat es el Perú, y no el pueblo sufrido y abandonado por el Estado, ni los millones de profesionales independientes y miles de empresas grandes, medianas y pequeñas que con su trabajo crean riqueza, dan empleo, satisfacen las necesidades de la sociedad y además pagan impuestos a un Estado ineficiente.

Un ejército del fascismo criollo se encargó de la campaña de hostigamiento a las “grandes empresas deudoras” para apoyar la decisión plebiscitaria del TC, previamente anunciada por su presidenta Marianella Ledesma, para que “el pueblo esté atento”. Era como el anuncio de una batalla en contra de los enemigos de la patria. Desde hoy nadie puede vivir tranquilo pensando que sus deudas están saldadas. En cualquier momento, el día menos pensado, puede aparecer la Sunat a notificarle que su declaración de hace cuatro años está errada y que le debe al Estado una friolera. Entonces le quedan aún varios años más para defenderse de la voracidad de la Sunat, que convertirá su existencia en una pesadilla. 

Pero dice la Constitución que el fin supremo del Estado es la defensa del ciudadano. ¡Falso! Lo real es que el Estado cuenta con muchos mecanismos de coerción y chantaje que pueden ser utilizados para hacer miseria la vida de cualquiera. ¿O es que nadie se ha dado cuenta de que organismos como la Sunat, la Sunafil y hasta la Fiscalía son utilizados como instrumentos de acoso y persecución política? Estamos en un país de pobrísima institucionalidad, altos niveles de corrupción y un sistema político débil. ¿Acaso no sabe esto el TC? ¿Cómo es posible que no considere la realidad y prefiera otorgarle aún más poder a un Estado prepotente y corrupto –y a una burocracia ineficiente– para que sigan acosando ciudadanos y empresas por tiempos prácticamente indefinidos? 

Hasta el presidente Vizcarra volvió a meter su cuchara –una vez más– para pedirle al TC que posibilite la cobranza de esta supuesta deuda que la Sunat fue incapaz de demostrar y cobrar oportunamente. Lo que pedía Vizcarra era apañar la ineficiencia, displicencia y laxitud con que trabaja la Sunat para seguir acosando sin fin a los administrados. Pero lo gracioso es que Martín Vizcarra decía que con esa plata se iban a comprar las camas UCI. Debió decir que con esa plata se iban a pagar los suculentos contratos de sus  clientelas y  de toda la argolla instalada en puestos públicos, desde conferencistas motivacionales hasta embajadores sin categoría. 

Si el Estado necesita más plata para camas UCI debería dejar de gastar en frivolidades, achicar el aparato público inservible, reducir ministerios y organismos inútiles, cancelar programas y proyectos insulsos, que tienen años sin producir nada más que maquetas y estadísticas. Pero no se puede ir en contra del dogma fascista nacional: “nada en contra del Estado”. Mientras sigamos creyendo en la propaganda fascista de que el Estado es el Perú o que “el Estado somos todos”, nunca podremos cambiar el rumbo que nos está llevando hacia el desastre.

Dante Bobadilla
23 de septiembre del 2020

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