Ursula Chamochumbi

El Gobierno y la lucha contra la desigualdad

La planilla del Estado no deja de crecer

El Gobierno y la lucha contra la desigualdad
Ursula Chamochumbi
21 de noviembre del 2019


La novel ministra de Economía y Finanzas dijo, hace algunas semanas, que el principal problema del Perú –según ella– es que “las personas aún no valemos lo mismo”. Además, hizo un paralelo entre la cobertura mediática de sucesos que tienen lugar en San Isidro versus los de otros lugares del país, y entre el trato que se da a los ciudadanos de diferentes estratos sociales y económicos en las instituciones del Estado.

Sobre este tema, quiero señalar dos puntos. Primero, que la ministra se equivocó de cartera, pues sus comentarios aplican más a ministerios como el de Desarrollo e Inclusión social o el de La Mujer y Poblaciones Vulnerables. Segundo, el maltrato que dispensan las instituciones públicas –tanto en servicio como en tiempos de espera– es algo que no conoce de estratos sociales. Y tercero, todos lo antes mencionado son problemas que le compete solucionar al Gobierno; pero no a su cartera directamente.

En consecuencia, es menester preguntarnos ¿por qué saca estos problemas a colación? ¿Es que quiere distraernos, siguiendo el ejemplo de su jefe, que tiene que inaugurar trochas, el pintado de una escuela o centros comerciales que él no construyó, pues su gobierno no avanza en infraestructura?

Aquí hay dos cosas notorias. Está intentando utilizar discursos de “conciencia de clase” para pregonar una supuesta preocupación social, porque es demagógico y vende; sobre todo a los medios de comunicación tomados por fuerzas oscuras, y a esos pulpines que creen que doctrinas como el comunismo o el socialismo se preocupan por los pobres. Y sobre todo, sabe que su gestión en el ministerio no va a solucionar los actuales problemas ni marcará un camino que nos ponga, nuevamente, en la senda del crecimiento económico. Así que necesita desviar la atención.

¿Por qué digo que es solo supuesta su preocupación social? Porque alguien que es consciente realmente de la pobreza y extrema pobreza en la que vive mucha gente, no aceptaría tan alegremente, y en un momento de crisis, un cargo que justamente tiene entre sus funciones impulsar el crecimiento económico (o al menos no incrementar la pobreza), si no está totalmente capacitado(a) para hacerlo. Uno puede tener muy buenas intenciones; pero con intenciones no se hace crecer un país y mucho menos se le saca del estancamiento económico. Entonces, pongamos las cosas claras, en este Gobierno se utilizan discursos solo para la tribuna. No perdamos de vista esa realidad.

Una perorata como esta hiere especialmente cuando vemos que quien la pronuncia, gasta millones en asesores y consultores ¡más que 12 ministerios juntos! justamente por lo que comentaba líneas arriba: no estar preparado(a) para el cargo y, por ende, necesitar que otros le digan cómo hacer el trabajo que, en primer lugar, ya le están pagando por hacer. Es eso o que, como muchos comentaban cuando fue designada como ministra, son otros los que manejan los hilos y disponen del presupuesto, mientras ella es la que firma. Y eso es solo una parte, porque la planilla del Estado no deja de crecer.

¿Cómo ayudan estos grandes gastos en sueldos, consultorías y asesorías a eliminar la desigualdad? No lo hacen, y en realidad la agrandan. El dinero va a los amigos de siempre, que desde hace mucho tiempo no necesitan trabajar en nada más porque saben que en el Estado –con nuestros impuestos– tienen una caja chica a la que siempre puede recurrir. Como no necesitan ser buenos profesionales para conseguir el trabajito, entonces no se esfuerzan; por lo tanto seguimos con la misma ineficiencia, maltrato y burocracia en las instituciones públicas. Todo un círculo vicioso que –mientras sigan los mismos corruptos en el poder– jamás terminará.

Ursula Chamochumbi
21 de noviembre del 2019

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