Dante Bobadilla
El fin de la aventura
La mayor turbulencia política y judicial de toda nuestra historia
Martín Vizcarra ha puesto una nueva marca en el nivel de los presidentes peruanos del presente siglo, más baja incluso que las que dejaron Toledo y Humala. A estas alturas no hay duda de que también acabará en prisión o enredado judicialmente. Lo lamentable en esta ocasión es que sabiendo con anticipación todo esto, no nos dejan echarlo del cargo como se merece, lo cual suma otro baldón a la dignidad de los peruanos.
A diferencia de sus antecesores que –pese a sus flaquezas humanas– se desenvolvieron con apego a la Constitución, dedicados a gobernar respetando las formas democráticas y las instituciones, Vizcarra en cambio se destacó desde el principio por sus malos modales políticos, su interferencia descarada en instituciones como el Ministerio Público, su desprecio por el orden constitucional, su arrogancia para imponer al caballazo reformas a la Constitución –pese a ser prerrogativa exclusiva del Congreso– apelando al recurso populista. Todo esto bajo el gastado disfraz de luchador anticorrupción.
El período de Vizcarra pasará a la historia como el de la mayor turbulencia política y judicial, debido a su obstinado enfrentamiento al Congreso, la feroz campaña contra el ex fiscal de la Nación, la judicialización de la oposición, y la divulgación de audios selectivos. Y todo esto bajo los auspicios entusiastas de la falsa bandera de la lucha contra los corruptos.
Sin duda la historia no pasará por agua tibia la disolución inconstitucional del Congreso, hecha alocadamente en menos de diez horas, con el expreso propósito de impedir la renovación del Tribunal Constitucional y sacarse de encima un Congreso al que Vizcarra había jurado cerrar. Lo que la historia deberá establecer es a qué intereses sirve Vizcarra, ya que su única obsesión, más allá de cerrar el Congreso, ha sido perfilar una reforma judicial y política que, en realidad, está fuera de las competencias del Ejecutivo. Como gobierno, Vizcarra casi no tiene nada que mostrar, salvo la parálisis de la economía.
Si desde su golpe de Estado Vizcarra perdió legitimidad, tras la difusión de estos nuevos audios de la vergüenza, ya carece de autoridad moral. Su mascarada de luchador anticorrupción acabó. Y no tiene otra cosa más que ofrecer. Ese fue todo su repertorio. Si tuviese un gramo de decencia debería renunciar y pedir perdón.
Hace tiempo que el Perú dejó de ser un Estado de derecho. Acá las evidencias se interpretan y las leyes se aplican en función de quién es la persona. Si no nos hemos percatado de esto es porque vivimos hipnotizados por los medios.
Como ciudadano me hubiera gustado ver a Vizcarra acudir al Congreso a dar sus explicaciones, como corresponde en una democracia, y luego me hubiera gustado que procediera la vacancia. Pero eso es mucho pedir en este país. Lamento las ridículas excusas que se dan para no vacarlo. En especial el hecho de que estamos en pandemia, cuando Vizcarra lidera el ranking mundial de los peores gestores de la lucha contra pandemia. Al contrario, deberíamos estar urgidos por proceder antes de que sigan muriendo más peruanos.
















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