Raul Labarthe

El autoritarismo detrás del rechazo a la bicameralidad

Se pretende deslegitimar el estado de derecho

El autoritarismo detrás del rechazo a la bicameralidad
Raul Labarthe
17 de junio del 2022


Resulta sobremanera llamativo escuchar los argumentos de la izquierda —y del ‘centrismo’ cómplice— contra el reciente dictamen de la Comisión de Constitución para restablecer la bicameralidad en el Congreso de la República. Se ha criticado como un supuesto contrasentido que el Legislativo proponga esta reforma constitucional, al punto de que algunos la han calificado de “mini constituyente”, y otros han hecho hincapié en una supuesta contradicción entre quienes no deseamos una asamblea constituyente y a la vez proponemos reformas de fondo al sistema político peruano. Calificar a esta postura de “contrasentido” sólo puede denotar mala fe por parte de quienes parecen tener, como exclusiva meta, la instauración de un régimen totalitario en el Perú.

Como reconoció el propio expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Duberlí Rodríguez, promotor de que se instaure una asamblea constituyente en nuestro país, esta gozaría de facultades absolutas, ya que sería producto de un “poder originario”, y por lo cual todo el resto de poderes públicos —entiéndase con ello: Tribunal Constitucional, Congreso, Corte Suprema, Contraloría, y demás organismos— quedarían sometidos a sus designios. Calificar de contrasentido a los intentos de promover reformas, a través de la legalidad vigente y del estado de derecho que hemos construido en uno de los periodos democráticos más prolongados de nuestra historia, trasluce una actitud revolucionaria y populista frente a los problemas que afrontamos, y la pretensión de aprovechar el descrédito del sistema político para fines autoritarios.

El dictamen aprobado por la Comisión aún tendrá que ser debatido en el pleno, donde podrán cambiarse muchos de los cuestionamientos válidos que este pueda tener, y luego la mayoría calificada tendrá que alcanzarse en dos legislaturas consecutivas. Por lo tanto, el rechazo y la crítica apresurada a esta propuesta solo revela la impotencia de ciertas fuerzas políticas que pretenden rebelarse contra los resultados –cualesquiera que estos sean– que puedan producir los organismos que la democracia representativa hoy ostenta, como el Congreso. La Asociación Civil Transparencia llama a fomentar el diálogo y el debate público, desconociendo que es el Legislativo el principal espacio donde esto se produce a nivel formal en una democracia; con el adicional problema de que nunca se sabrá cuándo es que este ‘debate abierto’ será suficiente.

Las críticas vacías y tramposas, enfocadas en que este dictamen cambiaría 53 de los 206 artículos que contiene la Carta Magna, ocultan que estos no son cambios sustantivos sino de denominación: donde se indica “Congreso”, se especifica si es que se habla de la Cámara de Diputados o de la Cámara de Senadores. Además, es facultad del Congreso modificar la Constitución; por lo que estas críticas solo pueden venir de quienes insisten en deslegitimar el estado de derecho y en proponer como exclusiva alternativa la instauración de un poder jacobino y absoluto en el Perú. Olvidan además que en el 2018 la bicameralidad fue una reforma promovida por la propia centro izquierda, que por esos años rezaba a diario por Martín Vizcarra, y que sólo fue rechazada porque este llamó a votar contra el fujimorismo.

Es por este motivo que los referéndums con nombre propio, que al final se convierten en encuestas de popularidad del caudillo de turno, no constituyen un argumento válido para cerrar el debate y afirmar que los peruanos están en contra de la bicameralidad. El referéndum se realizó hace cinco años, era una propuesta distinta, y vivíamos un contexto político incomparable al actual. Y si bajo el argumento de que el Congreso es impopular, se pretende minar toda decisión que este tome, entonces hagámoslo para todos los casos y convirtámonos de una vez en la dictadura que algunos parecieran anhelar. Pero utilizar su impopularidad, de modo selectivo y oportunista, en función de la decisión que nos convenga deslegitimar según sople el viento, solo lo hacen quienes están profundamente en contra de la democracia.

Raul Labarthe
17 de junio del 2022

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