Ursula Chamochumbi
Comprometernos con el Perú
Ante los problemas y amenazas que enfrenta el país
Para nadie es novedad que el Perú es un país informal. Desde lo más obvio –que son los ambulantes en la calle, la piratería, los que no pagan impuestos, los vehículos sin revisiones técnicas– hasta, lamentablemente, la política. Y es que en este país, escasean los políticos. Solo por poner un ejemplo inmediato y coyuntural, podemos mencionar a los dos últimos Congresos, ya que hemos sido testigos del pésimo nivel demostrado por varios congresistas. Desde uno calificado como come pollo, pasando por personas involucradas en narcotráfico, hasta una congresista “pechando” a un compañero en pleno hemiciclo, retándolo a “pelear afuera”.
Pero los presidentes no se salvan ya que, dejando de lado la corrupción, tenemos a uno que se autosecuestraba, a otro que dejaba que su esposa condujera los consejos de ministros y actualmente, a uno que no tiene idea de cómo gobernar y mira hacia el techo cuando le hacen preguntas directas acerca de su plan de gobierno. Con todo esto, ni hablar de los alcaldes y presidentes regionales.
Pero ¿por qué es importante la política para un país? Porque los países necesitan organizarse en un sistema que les permita subsistir y mantenerse en el tiempo, generando riquezas y permitiendo que sus ciudadanos se desarrollen correctamente. La política es la ciencia que orienta estas acciones, la que organiza a las sociedades humanas; por lo tanto, las personas encargadas de aplicarla deben saber cómo hacerlo. Recordemos que están conduciendo un país, que no es poca cosa.
Históricamente hemos tenido grandes políticos de diferentes ideologías, que han liderado incluso movimientos internacionales. Pero actualmente estamos cayendo en una informalidad tal que ya ni este espacio, que debería ser el más versado, se salva de convertirse en un mal chiste. Y esto es gracias a aquellos que buscan alejar a la política del pueblo, haciéndola ver incluso como algo malo, porque así acumulan poder para enriquecerse a costa de todo un país sin que la mayoría se entere. Porque es más fácil dominar a quien no tiene los conocimientos necesarios, a quien desde pequeño se le acostumbró a no analizar, a no pensar, a preocuparse solo por sí mismo, porque del país se deberían preocupar otros. Siendo así y como no hay competencia –ya que todas las instituciones están copadas por amigos, compinches o secuaces– no necesitan sobresalir, no necesitan estudiar, leer ni ser los mejores en sus campos. Tampoco necesitan pensar, porque generalmente la mayoría solo recibe órdenes.
Es así que, ante esta situación y los evidentes problemas y amenazas que enfrenta el Perú en estos momentos, surge la necesidad de que el pueblo se comprometa verdaderamente con el desarrollo del país, con la recuperación de la democracia, con el respeto a las instituciones. La situación en la que estamos es, en definitiva, una consecuencia de no habernos involucrado antes, de no haber ayudado a subir el nivel del debate, de no saber o no haber tomado conciencia de lo importante que es el orden jurídico y todo lo que implica ser una república.
Solo la unidad de fuerzas democráticas, grupos profesionales, emprendedores, comunidades, empresarios, colectivos, grupos sociales, etc., verdaderamente comprometidos, podrá conseguir los resultados que el Perú necesita. Todos estamos llamados a luchar por un país mejor; pero ahora no solo desde nuestro trabajo y nuestros hogares, sino también desde el mismo frente de batalla, desde la calle, con marchas y expresiones públicas, que le demuestren a la corrupción enquistada en el poder que este es un país que no se va a dejar engañar ni robar los sueños, que ya fue suficiente de mentiras y que con el Perú no podrán.
















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