Alan Salinas

Brasil en su hora más difícil

La razón se ha replegado, está en crisis

Brasil en su hora más difícil
Alan Salinas
24 de octubre del 2018

 

Este domingo que se aproxima, nuestro país vecino de Brasil tendrá su segunda vuelta electoral, en la que el ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, se presenta —de acuerdo a la encuesta de esta semana de Ibope— como el favorito para ganar las elecciones frente a Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

Bolsonaro —de declaraciones machistas, xenófobas y clericales— ha logrado calar en sectores amplios de la sociedad brasileña, cansada de la corrupción a gran escala que propició el PT. Tengamos en cuenta algo: la corrupción sistemática en Brasil ha existido siempre, según investigaciones sobre el tema, pero fue en los gobiernos del PT que se logró conocer la forma como operaba Odebrecht para sobornar —mediante sus operadores políticos y funcionarios de esta empresa constructora— a hombres de Estado no solo de Brasil, sino también de otros lugares de Sudamérica y África.

Esta crítica situación logró generar entre los brasileños y brasileñas simpatías hacia un candidato como Bolsonaro, que ha hecho declaraciones que van contra los gays, mujeres y población afrodescendientes. Pero al parecer lo importante, más que esas declaraciones, es lo fuerte que se presenta para combatir la corrupción sistemática y la inseguridad ciudadana.

Es así que entre la población mestiza y negra, según Ibope, Bolsonaro aventaja a Haddad por 47% y 41%, respectivamente. Increíble, pero cierto. Para muestra, presentamos la declaración de una afrodescendiente, según la crónica del diario argentino El Clarín (23/10/18): "Mi situación como negra es la misma que la de mi vecino blanco o la del gay: estamos hartos de ser robados y de pagar impuestos sin ver resultados”.

En lo que respecta a la campaña y contracampaña contra Bolsonaro, la gran prensa (mediática y escrita) han enfilado sus severas críticas hacia el candidato ultraderechista. Pero eso es contrarrestado mediante mensajes de los seguidores de Bolsonaro por Whatsapp, que generan una alta aceptación.

Presentado el sombrío panorama electoral, como sostuvo el sociólogo español Manuel Castells en una carta abierta a todos los intelectuales del mundo (El País, 10/10/18), lo que se pone en juego en esta contienda electoral en Brasil son los valores democráticos. Mediante este llamado de atención no se trata de avalar la corrupción sistemática del PT, pero se pretende apelar al sentido común sobre las consecuencias de votar por un fascista.

Hay una especie de emoción que ha entrado a formar parte de la competencia electoral en Brasil, y por extensión en el mundo. El versus recurrente que se puede apreciar es entre moralidad e inmoralidad. La razón se ha replegado, está en crisis. Y al estar en crisis, pone en tela de juicio lo que se puede hacer desde la sensatez en democracia.

Son horas difíciles para Brasil y para el mundo en general. Se vienen —de ganar Bolsonaro— momentos para ponernos a repensar qué es lo que pasó para que la razón ya no emocione a la gente. Seamos sinceros: entre los responsables de esta situación crítica, además de los políticos, están la prensa y los medios de comunicación.

 

Alan Salinas
24 de octubre del 2018

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