Dante Bobadilla

Alimentar al monstruo

Lo primero que se debe cambiar en el Perú es el Estado

Alimentar al monstruo
Dante Bobadilla
13 de enero del 2021


Tras dos décadas de fabulosas leyes para fortalecer los partidos y hacerlos transparentes, garantizar la democracia, renovar la política y otras maravillas, lo que tenemos es un desastre total en la política, con una feria de partiduchos y un carnaval de candidatos salidos de la nada. Nada ha cambiado. Incluso está peor que antes. Pero nunca perdemos esa eterna ilusión de creer que las leyes transforman la realidad y que la intervención del Estado garantiza mejores resultados.

Hoy los candidatos son rechazados por el Jurado Nacional de Elecciones por razones tan ridículas como olvidar señalar una propiedad, un vehículo o un empleo, alterando así el proceso electoral, vetando el derecho a ser elegido y limitando las posibilidades de la población. Es lo que pasa cuando se le da poder a los burócratas. Solo son buenos para inventar trámites y requisitos absurdos, y para pervertir el fin de la democracia.

El Estado peruano es un desastre por donde se le mire. Algo que es reconocido en el mundo, pues hemos quedado como el país más inepto en el manejo de la pandemia, y uno de los pocos que no tiene ninguna vacuna a estas alturas. Para colmo, los socialistas que están ahora en el poder sin ganar las elecciones, han hecho recular al gobierno para impedir que los privados puedan importar vacunas. Estos izquierdistas son como el perro del hortelano.

Admitámoslo: el Estado no funciona. Es lo primero que un candidato debe reconocer antes de empezar a ofrecer maravillas. Que no vengan con reformas del sector privado ni con más ministerios para darle nuevas tareas al Estado. Quienes tienen ese tipo de discurso están ignorando la realidad y vendiendo humo. Si estamos así de mal es porque nos hemos llenado de charlatanes en la política, que creen que toda solución pasa por crear nuevos ministerios, más organismos públicos y más leyes que permitan una mayor intervención del Estado. 

Lo primero que se debe cambiar en el Perú es el Estado. Hemos pasado por catástrofes en las que el Estado ha sido el protagonista, como la gran inundación de San Juan de Lurigancho, las permanentes roturas de ductos en Pamplona, el desastre protagonizado por un camión cisterna de gas en Villa el Salvador, la carencia de personal calificado, equipamiento e insumos en los hospitales, la lenidad en la reconstrucción del Norte y hasta de Pisco, etc. La lista es interminable y aún falta sumarle los hechos de corrupción. El Estado no nos sirve. Esto es una realidad palpable. ¿Pero han escuchado a algún candidato proponer una reforma del Estado? 

Lo que seguimos escuchando es más Estado: un Ministerio de Ciencia, un Ministerio de Alimentación, una central estatal que compre la producción agrícola a “precio justo”, control de tasas, más guerra a las AFP y a los bancos, más control a las empresas y más impuestos. Es decir, tenemos el cerebro al revés. En lugar de reducir el Estado y fortalecer al sector privado hacemos todo lo contrario. No aprendemos de la realidad ni la experiencia.

Y lo curioso es que en esta feria de ofertas fabulosas de mayor poder estatal para vigilar y controlar a los privados, no es posible distinguir entre conservadores y progresistas. Ambos compiten por el mismo discurso estatista. Los peruanos sufren una extraña ceguera que les impide ver al monstruo del Estado, pese a que lo sufren a diario. Una reciente encuesta revela que alrededor del 70% prefiere que el Estado se haga cargo de diversos sectores de la economía. Se tiene una curiosa idea idílica sobre el Estado, una ilusión que se resiste a cambiar incluso ante las evidencias de la realidad. La gran pregunta en este momento es si seguiremos alimentando al monstruo hasta que vuelva a devorarnos, como ya lo hizo en los ochenta.

Dante Bobadilla
13 de enero del 2021

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