Alan Salinas

A la sombra de la corrupción

La clase política en la vitrina de la judicialización

A la sombra de la corrupción
Alan Salinas
30 de julio del 2019

 

El título de mi columna de hoy quiere parafrasear el de la obra “A la sombra de las dictaduras” (FCE, 2011), del francés Alain Rouquié, muy relevante para comprender la democracia en América Latina. 

Recuerda el politólogo (para dar inicio a su genial análisis en el texto) su experiencia de la asunción de mando de Eduardo Frei en Chile, en la que participaron los militares de la dictadura de Pinochet. Esa anécdota me recuerda mi experiencia de cuando terminaba el colegio, porque el contexto fue la transición del país a la democracia. Recuerdo que se anunciaba un ajuste de cuentas sobre diversos temas en el gobierno autoritario de Fujimori; entre ellos, la corrupción sistemática desde el gobierno.

Aparte del tema militar golpista, otro de las sombras de las democracias latinoamericanas siempre fue la corrupción en la clase política y en nuestra sociedad. La corrupción (que no es ajena a los políticos independientes después de la transición a la democracia) está siempre al acecho para minar nuestra joven República; así como las múltiples acciones de los ciudadanos cotidianamente en nuestro país, que socavan la idea de respeto a las reglas de juego de la vida social. 

Estos recuerdos (y reflexión que haré) viene como producto de las millonarias coimas que la empresa brasileña Odebrecht ha efectuado en los tres gobiernos democráticos. Hasta la fecha, solo a Alan García no se le ha comprobado nada ilícito. Toledo, Humala, Villarán y Castañeda –de acuerdo a las declaraciones de Barata– probadamente comprados con dinero sucio. La gran prensa (ligada al Instituto de Prensa y Sociedad, IPYS) no se salva de ello. 

La clase política participante de la transición está –a partir de estos hechos– en la vitrina de judicialización mediática. Con estos hechos, la democracia peruana también se pone en cuestión. Se pudo haber avanzado –en términos procedimentales– en democracia, se redujo la pobreza considerablemente, se efectuaron reformas económicas que permitieron tener propiedad y poder adquisitivo. ¿Y la conciencia ciudadana? Aquí se falló. 

Se falló porque se demora en tener resultados favorables. Se falló porque al querer llevar a cabo esta reforma importante se tiene que enfrentar a grupos de poder que detentan en sus manos la educación del país. Grave error en el que tiene responsabilidad nuestra clase política. 

Ese es un gran desafío moral que las nuevas generaciones de políticos –hijos de la transición– y que deben tomar como bandera para con el país, tanto en los partidos antiguos como en los nuevos.

 

Alan Salinas
30 de julio del 2019

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