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El excandidato Jorge Nieto, del llamado Partido del Buen Gobierno, pretende convertir el proceso y la carcelería de Pedro Castillo en la causa de la polarización nacional que ha envilecido y ha enfermado a la sociedad peruana en las últimas dos décadas. Sin embargo, el punto de vista de Nieto solo describe el efecto final de un fenómeno que ha atravesado de principio a fin a la sociedad peruana.
¿A qué nos referimos? El antifujimorismo se convirtió en el principal partido político del Perú, que posibilitó la elección de los últimos tres jefes de Estado y que, incluso, ante gran parte de la sociedad justificó el golpe de Martín Vizcarra, el cierre inconstitucional del Congreso mediante la figura inexistente en la Constitución de “la denegación fáctica de confianza”. Y que, igualmente, se convirtió en la coartada del golpe de masas contra el gobierno constitucional de Manuel Merino y en el fierro y cemento de todos los relatos de la izquierda, tal como sucede con las fábulas absurdas del “pacto mafioso” y “las leyes procrimen”.
Nieto propone la tesis acerca de que la reconciliación nacional pasa por la excarcelación de Castillo sin cuestionar la fábula antifujimorista que ha envilecido al Perú. La tesis del marxista, con “buenos modales y acentuaciones de voz moduladas”, pretende que la liberación de Castillo se convierta en la validación de la narrativa de la izquierda en general. Y, en este caso, no importa que Castillo haya perpetrado un golpe de Estado fallido ordenando el cierre del Congreso y el fin del Estado constitucional en el Perú, un golpe que fracasó de principio a fin. Sin embargo, ese golpe fallido desató una insurrección –es decir, un proceso de violencia para asaltar el poder– con el objeto de instalar una asamblea constituyente, un golpe que lamentablemente causó la muerte trágica de 60 peruanos.
El antifujimorismo, como alguna vez lo fue el nazismo, es una religión profana que enfermó a la sociedad peruana a tal extremo que determinó la elección de Pedro Castillo, el peor candidato de la historia republicana y el menos preparado. Cuando una sociedad elige al peor siguiendo las fábulas de una religión profana se pueden justificar todas las soluciones finales habidas y por haber.
El neomarxista Nieto ha dejado en claro que para las izquierdas la memoria es un asunto central en la lucha por la hegemonía política y, en ese sentido, crea un espejismo sobre la liberación de Castillo, señalando que su excarcelación puede ser clave para terminar con la polarización en la sociedad. Nieto, como todas las corrientes progresistas y de izquierdas, necesitan de hechos que materialicen y confirmen sus fábulas: desde el Museo de la Memoria hasta la liberación de Castillo como “representación de los oprimidos”. Alguna vez en la inteligencia cubana, por ejemplo, se consideró que Castillo podía ser una especie de “Allende andino” que reemplazara el agotamiento del falso Allende que crearon en Chile, luego de más de cinco décadas de seguir alimentando a las izquierdas en la región.
Todo fabulador termina creyéndose su relato, es la llamada profecía autocumplida. Más allá de la liberación de Castillo o no en este portal creemos que la religión profana del antifujimorismo puede llegar a su fin con la elección de Keiko Fujimori luego de un veto político brutal en las últimas dos décadas, que incluyó una de las persecuciones políticas y judiciales más brutales de la reciente historia.
El final del antifujimorismo puede ser posible si la nueva administración desarrolla un gobierno respetando el Estado constitucional y materializa una alianza entre los pobres con el Estado y el sector privado, que produce la riqueza nacional de la sociedad. Lo que no se puede hacer para consolidar el Estado de derecho es inventar otra fábula sobre la reconciliación con objeto de evitar que el Estado de derecho sancione a quienes pretendieron quebrar el sistema constitucional para instalar una asamblea constituyente.
















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