Los anuncios acerca de que el nuevo gobierno de Keiko Fujimori...
Hoy se deben entregar las credenciales de la nueva presidente de la República, Keiko Fujimori, y de repente la transición política en el Perú comienza a ser una de las más ordenadas de la región, no obstante las pataletas y los yapes de Roberto Sánchez, el candidato de la izquierda que fue derrotado en la segunda vuelta.
Todas las instituciones comienzan a alinearse en función de los preceptos consagrados en la Constitución Política e, incluso, los conceptos y usos de la política a favor del Estado de derecho y las instituciones comienzan a cambiar positivamente. Por ejemplo, en los medios de comunicación se comienza a escuchar acerca de coaliciones en las cámaras, luna de miel o luna de hiel de la nueva administración, oficialismo y oposición, alianza de gobernabilidad y, en comparación con la semántica de la última década, parecemos otro país. Vale recordar que en los últimos dos lustros los conceptos que se utilizaban eran vacancia y disolución, “mochasueldos”, censura del siguiente ministro hasta que, finalmente, luego de agotarse las sucesiones constitucionales comenzó a hablarse de censura del siguiente congresista encargado de la presidencia de la República.
El Perú llegaba hasta esta elección muy desorganizado y en una tendencia general a la anarquía política e institucional. Quizá era un estado de cosas inevitable, habida cuenta de que en un periodo en que debió haber dos jefes de Estado hubo ocho mandatarios. La jefatura de Estado es la institución que más poder concentra de acuerdo a la Carta Política, ¿cómo entonces el Estado de derecho iba a proseguir en normalidad?
Todos estos acontecimientos que describimos parecen cosas del pasado con la transición política rumbo a este 28 de julio en que, por primera vez en la historia nacional, asumirá la jefatura de Estado una mujer elegida mediante el sufragio nacional. Por otro lado, la voluntad de gobernar que Keiko Fujimori empieza a demostrar, en el acto, empieza llenar el vacío de poder que ha dejado la destrucción de la institución presidencial en las últimas décadas.
Sin embargo, aquí debemos echar mano del viejo aserto acerca de que “al César lo que es del César”, con respecto a las reformas que ha establecido la bicameralidad en el país y las últimas reformas electorales que se procesaron en el actual Legislativo, muy desaprobado en la opinión pública nacional.
Querámoslo o no, estemos de acuerdo o no, es evidente que la bicameralidad le ha agregado gobernabilidad al sistema político. Por ejemplo, a pesar de que el nuevo oficialismo no tiene mayoría propia en las cámaras es imposible hoy hablar de vacancia presidencial. ¿Por qué? Porque en el nuevo modelo bicameral, ante la eventualidad de una vacancia la cámara de diputados acusa y el Senado juzga o decide. Hay una doble instancia en este procedimiento. Y he aquí un hecho relevante: Nadie puede formar mayoría de 40 senadores para una vacancia porque Fuerza Popular tiene una bancada de senadores de 22 representantes.
Algo más. El hecho de que ahora solo se puede disolver la cámara de diputados mientras el Senado permanece, desanimará a cualquier gobierno a utilizar esta figura extrema de la Constitución. Y si le agregamos el hecho de que el Ejecutivo ya no necesita recabar la confianza del Legislativo para el funcionamiento del Consejo de Ministros, entonces, tenemos la fórmula que explica el ordenamiento de la actual transición política.
Sin embargo, cometer el error de exceso de optimismo puede ser fatal en política. El Ejecutivo debe enfrentar las adversidades del fenómeno de El Niño luego de una década de desgobierno de las izquierdas, debe contener una feroz ola criminal, debe relanzar el crecimiento y la inversión privada y establecer una alianza de largo plazo con los pobres y excluidos de la sociedad. En este camino las izquierdas moverán cielo y tierra porque estos sectores necesitan perpetuar la pobreza para asistir a segundas vueltas en las que se enfrenten el sistema versus el antisistema.
















COMENTARIOS