Editorial Economía

¡Ratificando el sueño agroexportador del Perú!

Ante el intento de restablecer la cruzada colectivista contra el régimen promocional del agro

¡Ratificando el sueño agroexportador del Perú!
  • 08 de septiembre del 2026


El milagro agroexportador en el Perú, a nuestro entender, debería ser una política de Estado que trascienda los gobiernos y supere los alineamientos ideológicos. Hoy ha surgido un razonamiento –impulsado, sobre todo, por las oenegés de izquierda– acerca de que el régimen promocional no es necesario porque el sector ha crecido y ha madurado lo suficiente. Se trata del mismo argumento que se utilizó durante el gobierno provisional de Francisco Sagasti y del Partido Morado, que llevó a derogar el régimen promocional (15% en renta) y a desmontar el sistema de flexibilidad laboral en los contratos de trabajo que posibilitó avanzar en la formalización del campo.

Las leyes irresponsables aprobadas por el anterior Legislativo, que complican la trayectoria fiscal del país, se convierten en el otro argumento sobre la mesa. Cualquier peruano de buena voluntad debería condenar la irresponsabilidad fiscal desde cualquier punto de vista. Sin embargo, ¿cuál es la validez de estos razonamientos?

Acerca de la madurez del sector, el asunto no resiste el menor análisis. El milagro agroexportador que, en las últimas dos décadas, ha multiplicado las agroexportaciones de US$ 650 millones a más de US$ 15,000 millones, que ha convocado más de US$ 20,000 millones en inversiones y que ha incrementado la recaudación fiscal en más de S/ 7,000 millones se ha desarrollado en alrededor de 250,000 hectáreas, una extensión que apenas representa el 5% del total de la superficie agrícola.  Si consideramos que, a través de 23 proyectos hídricos, el Perú tiene la potencialidad de ampliar la frontera agroexportadora en cerca de un millón de hectáreas más, ¿cómo se puede sostener que el sector está maduro?

El argumento de la mayoría de las oenegés anti exportadoras que han surgido en el Perú –a semejanza de las oenegés antimineras que paralizaron las inversiones mineras– en contra de la continuidad del régimen promocional agrario no se sostiene. Desde el punto de vista sociológico el Perú necesita una burguesía agraria que reinvierta frenéticamente en su país y no emigre a países como Colombia, por ejemplo. Hasta el 2019, antes de la derogatoria del anterior régimen promocional, el sector agroexportador era una máquina de inversión y reinversión al margen de cualquier coyuntura económica.

Si el Perú desarrollara su potencial agroexportador habría construido un camino al desarrollo –incluso si no existiera minería ni turismo– porque estaríamos hablando de más de 6 millones de empleos formales entre directos e indirectos, más de S/ 60,000 millones de inversión, una reconfiguración del espacio urbano nacional –la gente incluso migraría de Lima a las ciudades intermedias que se levantarían alrededor de las regiones agroexportadoras–, el desarrollo de una manufactura agroexportadora y de servicios, y la reforma de las universidades por la demanda de profesionales y técnicos en el sector. Algo más. La recaudación fiscal del sector se multiplicaría por tres.

Todas estas aproximaciones deberían formar parte de una política de Estado; sin embargo, la ideología de algunos sectores y los intereses de oenegés vinculadas a países interesados en que el Perú no desarrolle su potencial agroexportador –tal como sucedió en la minería– se combinan para fomentar el fin del régimen promocional en el agro.

Si algo así sucediera en el Perú se produciría una paradoja hiriente. El progresismo y las izquierdas durante el gobierno provisional de Francisco Sagasti lograron derribar la mejor ley económica de las últimas décadas: el régimen promocional agrario, Ley 27360, que explica gran parte del milagro económico en el agro. Una ley que responde al fujimorismo histórico de los noventa. En los últimos meses previos al nuevo gobierno el nuevo fujimorismo desarrolló una épica legislativa para restablecer el régimen promocional a partir de este año. Y lo logró.

De pronto en el nuevo gobierno de Keiko Fujimori, desde algunos sectores de la propia administración, surge una campaña progresista que propone eliminar el régimen promocional agrario y que comienza a jugar en pared con las izquierdas para cancelar una de las mejores políticas públicas de las últimas décadas. ¡Increíble!

  • 08 de septiembre del 2026

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