Dante Bobadilla
Vizcarra y la alianza mafiosa
Ahora atacan a los periodistas críticos y de oposición
Sacar a Vizcarra del poder debería ser el principal objetivo patriótico del momento. Es una cuestión de supervivencia. En año y medio Vizcarra solo ha generado crisis. No ha pasado del circo armando pleitos contra el Congreso, en busca del aplauso de las masas. A tal punto se volvió tan predecible que ya era inminente la pechada al Congreso cada vez que su aprobación bajaba en las encuestas. Es como un payaso que solo tiene un chiste, pero sigue dando risa.
A Vizcarra solo le interesa su popularidad. Todo lo demás le tiene sin cuidado. Cree que puede hacer con la Constitución lo que le viene en gana y que su palabra es la ley. Con esos alardes nos ha impuesto reformas aberrantes al sistema político, hasta llevarnos a una crisis política que pretende arreglar de la manera más inicua: exigiendo que se vayan todos. Y una vez más exige modificar la Constitución. Vizcarra es una especie de fanático iluminado apropiado de la nave del gobierno, que pretende inmolarse estrellándose contra el Congreso, convencido de que así pasará a la historia como el mártir cuyo sacrificio lavó los pecados de la clase política, y que luego será engreído por las setenta vírgenes que hoy lo idolatran en la prensa.
Otro factor de la crisis es la prensa, que no es menos mala que los políticos. Los medios se han encargado de contarnos la historia al revés: el mito del “Congreso obstruccionista” que no deja gobernar. En realidad es el Gobierno intervencionista el que no deja legislar. Vizcarra se ha dedicado a imponerle al Congreso reformas constitucionales aberrantes sin tener la facultad para hacerlo. Y el Congreso ha abdicado de su rol y su poder para ceder al chantaje.
La prensa, que antiguamente era llamada el “cuarto poder” —porque se ocupaba de fiscalizar al gobierno, como tarea principal— hoy ha quedado reducida a concubina del gobierno, encargada de satisfacer sus necesidades, encubrir sus deficiencias y atacar a sus críticos. Todo eso a cambio de dinero público. Por eso la gente tiene una idea distorsionada de los hechos.
A esto hay que sumarle la enfermedad mental del antifujimorismo, que aqueja a amplios sectores adoctrinados durante años por la mafia caviar, haciéndoles creer que el fujimorismo es responsable de todos los males. Algo que obviamente no es verdad. El fujimorismo actual es un sector compuesto mayormente por gente improvisada en política, sin experiencia ni doctrina ni liderazgo, y que no se diferencia mucho de otros sectores políticos en el Congreso en cuanto a mediocridad legislativa y otros perfiles. De manera que el vicio de utilizar al fujimorismo como el chivo expiatorio solo puede convencer a ignorantes y tontos de pacotilla, que no son pocos, desgraciadamente.
Los únicos ganadores con todo este caos generado por Vizcarra son los sectores de izquierda y la mafia caviar, pues es un excelente distractor para tapar la bomba del caso Lava Jato que estalló en EE.UU. y Brasil, y salpicó hasta el Perú. La mafia caviar trazó su estrategia para minimizar el caso Lava Jato que implica a sus compadres, con quienes compartieron el poder y la corrupción en el Perú en los últimos ocho años. Empezó con la organización del frente legal desde la Fiscalía, que es donde está la clave del asunto. Las fichas se movieron de tal modo que el cuerpo de fiscales encargados del caso eran parte de la organización mafiosa que controla los hilos del poder en el Perú desde los tiempos de Toledo. Y eso es público y notorio. La mafia se siente tan segura que no tiene empacho en hacerlo evidente.
Así fue como decidieron emplear el caso Lava Jato en provecho propio. Desde luego, había que sacrificar algunas piezas. Peones y alfiles tenían que ir cayendo para dar credibilidad a su accionar, pero lo fundamental fue que lograron encarcelar a la lideresa de oposición, Keiko Fujimori, primera en su lista de prioridades. Y técnicamente asesinaron a Alan García, sin tener argumentos reales para intervenirlo. El mundo del derecho penal en el campo político es una farsa fabricada a base de indicios y sospechas, pero materializada por policías, fiscales y jueces al servicio de la mafia.
El Perú estuvo en manos de una alianza mafiosa desde el 2011, cuando la mafia brasileña del Foro de Sao Paulo aterrizó en el Perú con sus grandes empresas, y estrechó las manos de la mafia caviar, ya instalada con su red de oenegés y gente infiltrada en diversos estamentos del Estado. Ambos han controlado la política, la justicia y los medios en los últimos ocho años. Y hoy nos quieren hacer creer que esa misma alianza mafiosa, que ahora escenifica la farsa de la “colaboración eficaz”, es la que va a delatar a los que ayudaron a crear esta nefasta red criminal de medios, instituciones, partidos y gobiernos. Ya pues. No seamos ingenuos. Acá hay que hacer un esfuerzo supremo para ver la realidad más allá de lo que te cuentan los medios.
Cuando todos esperábamos ver la lista de los periodistas que se fajaban en sus programas de radio y televisión defendiendo descaradamente a Susana Villarán y Nadine Heredia, con las megaobras que los brasileños les hacían firmar, haciendo además alarde de sus “talleres de periodismo” a lo largo del país por cuenta de Odebrecht, de pronto los fiscales de IDL nos traen nombres de periodistas de oposición, críticos del acuerdo mafioso. Es mejor reírse. Es una típica jugada maestra de la mafia, que sigue usando el caso a su favor. Pero así es como anda este país. Los compadres de la alianza mafiosa IDL-Odebrecht nos seguirán contando cuentos en función a sus propios intereses. En el Perú todo ha estado podrido en los últimos ocho años, y nada va a cambiar mientras la misma mafia siga en el poder, y nos sigan contando cuentos desde su prensa prostituida.
















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