Dante Bobadilla
Vizcarra en la cuerda floja
Si no quiere gobernar, que se vaya
Es impresionante ver la desesperación de la mafia caviar por cerrar el Congreso. Lo quieren todo. Están en un afán de copar todos los poderes del Estado sin necesidad de pasar por las elecciones. Ya recuperaron el Ministerio Público después de una larga, feroz y sucia campaña contra Chávarry. Ahora no quieren un Congreso que no controlan y que está por nombrar a los nuevos integrantes del Tribunal Constitucional (TC). Es una guerra de poder por parte de la mayor organización criminal y política jamás vista en el Perú. Se trata de un fenómeno inédito de la política.
De eso se trata este nuevo circo armado por Vizcarra. Más allá de toda la retórica barata que se despliega en torno a este tema, el objetivo de cerrar este Congreso siempre estuvo en la lista de prioridades de la mafia caviar. Así que todos esos cuentos del desprendimiento y de que el Perú primero, que se lo crean los borregos adiestrados por la prensa mermelera. Esto sigue siendo parte de la misma estrategia de la mafia caviar para liquidar todo rastro de fujimorismo. ¿O acaso no es evidente cómo se han encargado de arrinconar al fujimorismo?
El montaje trata de hacernos creer que hay una crisis política. Es lo que repiten a diario en los medios de comunicación, periodistas sin decoro adictos a Vizcarra y enemigos del Congreso. Vizcarra acuñó el término “entrampamiento”, refiriéndose a que el Congreso no acató su reforma sobre la inmunidad parlamentaria, como si el Congreso tuviera que obedecerlo. Luego, el coro de Palacio se puso a cantarle al país el son del entrampamiento y la crisis política para justificar el exabrupto presidencial del adelanto de elecciones.
Es nauseabundo ver cómo la gran prensa toma partido por Vizcarra y su propuesta de adelantar las elecciones. No solo eso, sino que le reprochan al Congreso no acatar los mandatos de Vizcarra. Algunas periodistas (si se les puede llamar así) se muestran indignadas porque el Congreso no se inclina ante Vizcarra y por atreverse a desobedecerlo. “¿Por qué no le dan prioridad a la propuesta de Vizcarra? ¿Qué están esperando?” Chillan todos los días. Así anda un buen sector de la prensa, afectado por el típico antifujimorismo patológico.
Pero lo cierto es que no existen razones ni motivos para adelantar elecciones. El jefe del gabinete y su ministro de Justicia hicieron un papelón en el Congreso, adonde acudieron a sustentar la propuesta del Ejecutivo sin llevar una sola evidencia de la supuesta crisis política que, según ellos, asfixia al país. Por el contrario, el congresista Miky Torres les demostró con cifras irrefutables que este Congreso no tiene nada de obstruccionista. Le ha dado todo al gobierno. Así que el Ejecutivo va a tener que presentar alguna evidencia sólida que respalde su tesis del entrampamiento, porque acá no basta con la retórica de balcón.
Otras voces menos lúcidas afirman que la locura de Vizcarra es completamente constitucional, olvidando que requiere precisamente manosear la Constitución para ajustarla a los caprichos de Vizcarra, al mejor estilo de Evo Morales y Nicolás Maduro. No es, pues, constitucional si requiere previamente pervertir el ordenamiento constitucional. A otro perro con ese hueso.
Por otro lado sacan el relamido argumento de que las encuestas muestran el clamor popular. ¿Y desde cuándo hay que cambiar la Constitución porque lo que dicen las encuestas? ¿Desde cuándo las encuestas mandan la política nacional por encima de la Constitución? Esta es la visión populachera de políticos de quinta categoría que creen que la Constitución es un papel cualquiera que se puede cambiar al antojo del gobernante. Y por último, amenazan con sacar a sus huestes a las calles “para que el Congreso entienda y entre en razón”, según dice el preclaro congresista Gino Costa.
Mención aparte merecen los famosos constitucionalistas de oenegés, que han salido a dar su aval a cuanta barbaridad pretenda Vizcarra. La tesis es simple: todo se puede. Son como los tramitadores de Azángaro, que por un sencillo te legalizan lo que sea. Estos leguleyos han sido puestos en el altar por parte de la prensa mermelera, mientras desprecian y reprochan a los que, en el otro bando, defienden la Constitución de las trapacerías de Vizcarra. Y luego estas periodistas (si se les puede llamar así) tienen el cuajo de preguntar “¿qué intereses defienden estos constitucionalistas?”. ¡Ay, Dios! Así estamos.
No hay que dejarnos llevar por los intereses de la mafia caviar, y menos aún por los odios mezquinos del antifujimorismo patológico, que ya bastante daño han hecho en este país en los últimos años. Vizcarra camina en la cuerda floja y puede caer. No debería llevar al país a una crisis política solo para complacer a la mafia caviar, aunque le haya prometido impunidad. Poner al Perú primero significa defender la Constitución y darle prioridad a los verdaderos problemas del país. Lo que está realmente en crisis en el Perú es la salud, la seguridad ciudadana, la infraestructura vial, la educación, el empleo, etc. Nada de eso se resuelve con las payasadas políticas de Vizcarra contra el Congreso. Si no quiere gobernar, que se vaya. Sería lo mejor para él y para el país.
















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