Dante Olivera
Más allá del bien y el mal
Sobre la violencia y delincuencia imperante en el país
Hace unos días la sociedad peruana fue testigo de dos hechos atroces que nos conmocionaron a todos. De un lado se tendría la violación realizada por menores de edad a uno de sus compañeros del Liceo Naval, por otro lado, se daba el asesinato de una periodista y candidata al gobierno regional de Áncash, Susy Apolo. En el primer hecho, las personas se preguntaban cómo un grupo de adolescentes de 16 años han sido capaces de realizar un ataque en manada a otro de sus compañeros. Más aún, cómo es que personas mayores, profesores y entrenadores fueron meros espectadores del hecho, sin atreverse a impedir el delito o, al menos, a cuestionar el acto.
En cuanto al asesinato de “La China Polo”, a plena luz del día, en medio de la multitud y de una grabación periodística, las personas nos quedamos consternadas por dicho crimen, en el sentido de que pensamos, con justa razón, que “la silenciaron” por lo incómoda que era a ciertos poderes económicos y políticos a los que paraba denunciando en su programa. Una vez más caía la pregunta de cómo era posible que, por el solo hecho de ejercer el derecho a la libertad de expresión y de información, puedan asesinar a una persona.
Ahora bien, es común que se nos enseñe cuestiones deónticas a los estudiantes de derecho (con un fuerte componente cristiano o kantiano de por medio) y se nos instruya a la defensa de la vida, la dignidad, a considerar a la persona como un fin y nunca como un medio, y, en base a ello, creer en la denominada “resocialización” de la persona; no obstante, considero que lo aprendido de manera ideal no puede ser ajeno a los hechos que ocurren en nuestro día a día, el contexto no puede o no debería dejar de influir en las nociones teóricas que hemos aprendido.
Las categorías del bien y el mal, qué duda cabe, tienen un fuerte componente histórico y filosófico de hace más de dos mil años, todos hemos crecido con parte de dicha moral, la cual está muy arraigada en nuestro subconsciente. Es común relacionar el bien con la virtud, el deber, Dios, mientras que el mal se relaciona con la carencia de las virtudes, el alejamiento de Dios o el actuar no en base al deber, sino al interés.
Estas nociones, aunque útiles para los foros académicos y la elaboración de teorías éticas, fueron elaboradas en una época y contextos distintos al actual, donde no ocurrían los atroces hechos del siglo pasado o el presente. Considero que es necesario replantearse, en una parte, ciertas enseñanzas que hayamos podido recibir de casa, del colegio o incluso de la universidad (la cual muchas veces enseña cosas que no pasan en la realidad) en base a un contraste con la realidad que se tiene en el día a día.
Cuando uno ve la realidad peruana, observa un desborde de la criminalidad organizada, de los asesinatos, muertes, extorsiones, y un sinfín de delitos que se cometen día a día, y, más aún, cuando se observa que los órganos de administrar justicia son lentos o cumplen de manera deficitaria su labor y el delito no es castigado, uno se pregunta si en realidad la ética pregonada en los espacios académicos y la teoría del proceso aprendida en la universidad sirve para algo o se cumple en la realidad. ¿Por qué enseñar que no debemos matar a nuestro prójimo si la criminalidad asesina a cambio de dinero? ¿Por qué iniciar un proceso en busca de la “justicia” si esta no llega o llega después de años? ¿Por qué creer, ciegamente, de que el ser humano es o tiende a ser bueno y no ver todos los males que hacen las personas?
Todo lo anterior, si bien está relacionado con el derecho, también puede ser visto desde un punto de vista ético del bien y del mal, en base a cómo actúan los sujetos involucrados. El mal podría ser definido como aquellos actos conscientes que originan un sufrimiento inútil e injustificable en uno mismo o terceros y por los cuales no hay un arrepentimiento en el fuero interno ni externo. Así, alguien que, conscientemente mata a otra persona a cambio de una suma de dinero y no muestra arrepentimiento en cámaras o trata de justificarse, no debería ser calificado sino como un actor del mal y, por ende, ser tratado de la manera en cómo él mismo se auto degrada en base a sus acciones.
Unos sicarios que incendian un vehículo, con una persona dentro, solo porque esta no paga un “cupo” y la acaban matando, también debería ser catalogados como actores del mal y ser tratado como tales. De la misma manera, unos adolescentes, perfectamente conscientes, que agreden sexualmente a su compañero y que, posteriormente, van a comer a un “chifa” y no muestran un ápice de remordimiento, también deben ser catalogados como actores del mal.
Tal vez sea momento de, sin dejar de lado totalmente la moral (judeocristiana) que nos ha forjado como sociedad, tengamos un rol más activo con las visiones del bien y el mal, no siendo actores neutrales o únicamente espectadores, esperando que terceros o el Estado solucionen todo, sino también ayudando, con acciones propias, pequeñas o grandes, a la erradicación del mal en nuestra sociedad.
















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