Rocio Valencia Haya de la Torre
Enfoque de familia o educación sexual integral
Un diálogo de sordos
“Una aberración indignante” es la única frase capaz de describir la violación de un menor de 16 años, de cuarto año de secundaria, presuntamente perpetrada por un grupo de ocho alumnos de quinto año del Liceo Naval de San Borja, quienes ahora se encuentran bajo investigación judicial y privados de su libertad. El vejamen ocurrió dentro de un autobús que el colegio había contratado para trasladar al equipo de futsal, en presencia de tres adultos: el chofer, el entrenador y un auxiliar. La educación en el Perú atraviesa una crisis moral profunda y esta es solo la punta del iceberg. A continuación, analizaremos el problema desde el punto de vista de la prevención y de la actual política educativa nacional en materia sexual.
Los portavoces de los distintos ministerios y políticos dividen sus opiniones en dos corrientes: de un lado, aquellos que le echan la culpa al hecho que el gobierno haya retirado del currículo de educación primaria y secundaria la así llamada Educación Sexual Integral (ESI) como competencia transversal; de otro, aquellos que opinan que, si el Ministerio de Educación introduce en los colegios el «enfoque familia», se resolvería el problema. Pero ¿qué ideas contiene exactamente el «enfoque familia»? No se ha establecido con exactitud, por lo cual este argumento no soluciona el problema, en especial cuando la Constitución establece que el Estado respeta otras confesiones (además de la católica) y que respeta la libertad de conciencia. De esta manera, ni la ESI, que ya fue retirada por estar asociada con el «enfoque de género», ni el «enfoque familia», que no puede satisfacer a todos los públicos —católicos, cristianos y de otras denominaciones—, ofrecen una solución al grave problema de la prevención educativa.
Si bien resulta evidente que no existe una política clara en materia de educación sexual a nivel nacional, el Perú tiene la obligación de encontrar su propio modelo. No todos los peruanos comparten las mismas creencias religiosas, ni mucho menos las mismas ideologías en relación con la sexualidad y la familia. No obstante, la sexualidad humana es un tema fundamental que deben abordar los educadores en los colegios, pero no como un tema únicamente centrado en la salud sexual, sino como un curso pluridisciplinar que aborde los aspectos biológicos, fisiológicos y psicológicos. El acto sexual tiene que ser abordado con respeto y mucha ética dentro de un curso específico que respete la libertad de conciencia y aborde no solo el aspecto físico, sino también el espiritual, ya que la sexualidad afecta la salud mental y la psique del ser humano o alma. De allí que las secuelas de una violación acompañen a la víctima toda su vida.
La indignación de los padres de familia del Liceo Naval aparece así justificada. Ya es momento de que los legisladores formen una comisión con los mejores pedagogos, psicólogos y profesores de ética y biología, capaces de presentar un proyecto de ley que inaugure un curso de Educación Ética y Sexual (EES) y una política nacional de EES que abarque ambos niveles, primaria y secundaria. Las familias y la sociedad necesitan una política clara y un curso en concreto, adaptados a los valores éticos y morales y a la realidad cultural de las familias peruanas, que no sean calco de ningún otro modelo. Un curso original diseñado para niños y adolescentes peruanos por educadores, psicólogos, filósofos y científicos peruanos, como respuesta al cambio efectuado en diciembre y a la falta de una política educativa sexual clara a nivel nacional.
















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