Dante Bobadilla
El sendero incendiario de Vizcarra
No sabe dialogar, consensuar ni aceptar una derrota democrática
Si la razón se impone al fin en este país disfuncional, pronto Keiko debe recuperar su libertad, como corresponde; y el proyecto de adelanto de elecciones acabar en el tacho, como también corresponde. Pero no tardarán mucho los sectores del antifujimorismo patológico para volver a la carga con nuevos recursos que sigan alimentando la hoguera del odio en que se consumen y en la que quieren incendiar al país, con la guía de Martín Vizcarra como gran líder.
Porque de lo único que trata toda la política nacional en los últimos tiempos es de la guerra contra el fujimorismo y, por extensión, contra el Congreso (donde el fujimorismo tiene mayoría). Eso es todo. Lo demás es retórica. Los ridículos argumentos de Vizcarra para pedir el adelanto de elecciones se han diluido como el humo. Lo único que quiere es guerra contra el Congreso. Su charlatanería repetida revela su pobreza mental, su mezquindad como ser humano y su mediocridad como gobernante. No ha hecho nada por el país. Su actuación se ha limitado a un show para las tribunas, atizando con irresponsabilidad las iras populares contra el Congreso.
Incluso estoy a punto de creer que Vizcarra ha perdido la razón, porque no puede ser tan embustero para repetir en todos lados su mismo relamido discurso, reiterando que su actuación “se ciñe estrictamente a la Constitución” y que siempre ha actuado con “respeto irrestricto la independencia de poderes”. ¿Es un descarado o está loco? ¿Acaso no lo hemos visto interfiriendo con el Ministerio Público como cualquier activista callejero? ¿No se ha atrevido a amenazar al Congreso e imponerle reformas constitucionales aberrantes e inútiles de manera arrogante y prepotente? ¿No lo vemos criticando las decisiones del Congreso como un dictador? ¿No ha tenido el cuajo de reclamarle al Congreso porque no acató su reforma sobre la inmunidad parlamentaria? Ese fue precisamente el motivo de su pataleta infantil para salir con el adelanto de elecciones por el supuesto “entrampamiento”. Y es que Vizcarra, como todo buen izquierdista, no sabe dialogar, consensuar ni aceptar una derrota democrática. Si no hacen lo que él quiere, arma su berrinche, sale a las calles a agitar a las masas y confabula para traerse todo abajo. Ese es Vizcarra. Un rojo más.
Y mientras Vizcarra se entrega de lleno a la demagogia y al circo diario, dando mensajes repetidos con la misma cháchara barata, el país sigue rodando cuesta abajo. No hay quien encare el grave problema de inseguridad ciudadana, la crisis de la salud pública, la parálisis de la inversión, etc. Pero todos nuestros problemas resultan opacados por el único gran interés de los sectores patologizados que controlan a Vizcarra: la guerra contra el fujimorismo. La llamada “coalición vizcarrista” es, en última instancia, el frente antifujimorista que agrupa a todo el manicomio de la izquierda variopinta; junto al cartel mediático puesto al servicio de la mafia caviar y, por ende, a los intereses del gobierno que les da de comer.
Estamos hasta el cuello de toda esta gentita que vive para odiar y combatir al fujimorismo. Todo el país gira en torno a ese fin último. Desde la prisión de Keiko y el desmantelamiento de Fuerza Popular, a cargo de un desequilibrado fiscal convertido en chacal de la mafia caviar, hasta las amenazas de cierre del Congreso mediante cuestión de confianza o adelanto de elecciones. Todo es puro antifujimorismo patológico. Y hoy se suma la desesperada campaña de la mafia caviar y sus medios de prensa para impedir que el Congreso nombre a los nuevos miembros del Tribunal Constitucional, como le corresponde. Y hay que ver la andanada de argumentos ridículos que esgrimen para evitarlo. El instituto que se especializa en la defensa legal de terroristas y asesoría de jueces es uno de los principales agentes de esta campaña.
Lo más seguro es que ante el archivamiento de su propuesta de adelanto de elecciones, Vizcarra nos sorprenderá con alguna otra maniobra desaforada en la misma dirección de la guerra contra el Congreso. Y es que el pobre no tiene otra cosa en la cabeza. Parece un robot teledirigido por la caviarada para dedicarse a dispararle al Congreso. Sus discursos se repiten con exasperante pobreza, ya sea inaugurando un expediente técnico en un arenal, ante las FF.AA. o en el foro de la ONU. Dice exactamente lo mismo. Realmente debería irse. Pero quiere pasar a la historia como el hombre que cerró el Congreso fujimorista. No da para más.
















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