Julio Jesús Puescas
El Perú que el mundo deja de visitar
Se ha registre una caída del 15% al 20% en reservas hoteleras para marzo y abril
El turismo tiene el potencial de ser el principal motor que erradique la pobreza en el país. Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el sector aportó US$ 23,000 millones al PBI en 2025 —7,8% de la economía nacional— y sostuvo 1.17 millones de empleos, el 6.,6% del total del empleo en el país. Es más, para el 2035, de continuar esta tendencia, el mismo organismo proyecta que dicha contribución llegaría a US$ 34,300 millones, generando 1.4 millones de puestos de trabajo. En el papel, el potencial existe, no obstante, el problema radica en que estos números no muestran el panorama completo.
Al cierre de 2025, el Perú recibió apenas 3.4 millones de turistas internacionales, un millón menos que en 2019. Estas cifras no son menores, pues cada turista ausente significa hospedajes vacíos, restaurantes sin mesas llenas, artesanos sin compradores y guías sin trabajo; en total, esto explica por qué es que el turismo representa alrededor del 3% del PBI. Mientras tanto, nuestros competidores regionales han recuperado y superado sus marcas anteriores: Chile superó los 4,8 millones de visitantes internacionales ese mismo año (112% de su nivel prepandemia) y Colombia alcanzó los 5,2 millones (118%). La diferencia con el Perú no se explica por falta de patrimonio o atractivo, pues contamos con innumerables atractivos como Machu Picchu, las Líneas de Nazca, la Montaña de Siete Colores, las ruinas de Chan Chan, etc., si no, por la poca institucionalidad que tenemos como país.
Las causas de esta lánguida situación son múltiples, sin embargo, la inestabilidad política a raíz del débil Estado de Derecho que poseemos es la más directa y medible. En enero de 2023, cuando la siempre cizañosa izquierda incentivó al estallido social en el sur, el BCRP calculó pérdidas de US$ 100 millones mensuales en cancelaciones de turismo receptivo; mientras que por su parte, la Cámara Nacional de Turismo estimó S/ 50 millones perdidos por cada día de paralización. Recientemente, la censura del presidente interino José Jerí y la asunción del comunista José María Balcázar al Palacio de Gobierno ocasionó que —conforme a la estadísticas de plataformas de turismo como Booking.com y TripAdvisor— se registre una caída del 15% al 20% en reservas para marzo y abril, justamente en Semana Santa, uno de los picos más rentables del año; incluso, bastiones del turismo, como Cusco y Arequipa, proyectan ocupaciones hoteleras por debajo del 50%.
El mensaje que nos queda es claro: el turista europeo o estadounidense —que representa el 60% del flujo total— no improvisa sus viajes; los planifica meses antes con una brújula simple: ¿el destino es previsible y seguro?, entonces, viendo el escenario peruano, la respuesta tiende a ser más negativa que positiva. Lo más preocupante de todo es que, frente a esta problemática, el Estado peruano sigue sin tratar al turismo como política de largo plazo; y es que lejos de buscar resultados como Francia, que suma más de 100 millones de turistas, España cerca de 95 millones, Estados Unidos más de 72 millones y México 46 millones, los gobernantes de turno se han conformado con un Mincetur que lanza campañas mientras su Plan Nacional de Turismo vence sin ejecución, con la carencia de políticas de seguridad en rutas turísticas, la falta de protocolos de respuesta ante crisis mediáticas, y la paupérrima inversión sostenida en aeropuertos regionales más allá de Lima.
Así pues, si no se logra construir las condiciones adecuadas, el sector seguirá creciendo a pesar del Estado, no gracias a él, y el millón de turistas ausentes seguirá representando empleos que no existen, regiones que no se desarrollan y una industria que el Perú desperdicia. En consecuencia, el potencial del sector —el cual ya es reconocido mundialmente— quedará justamente en eso, un potencial que no se concentró en un pilar del desarrollo nacional capaz de colocar al Perú como un país de primer mundo, logrando de esta forma, reducir aún más, el lastre de la pobreza.
















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