Darío Enríquez
Instituciones, libertad y el dilema de la innovación
Autonomía para Concytec: ¿coordinación o intervencionismo?
El desarrollo enfrenta un dilema persistente: ¿conviene controlar todo desde una instancia central o dejar que los actores desplieguen sus capacidades en libertad? Esta tensión atraviesa la gestión pública y el debate sobre la gobernanza de la ciencia y la tecnología. En el Perú, se ha propuesto otorgar al Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) una autonomía constitucional similar a la del Banco Central de Reserva (BCR) para blindar la política científica. Sin embargo, examinar los fundamentos de esta analogía es indispensable para evitar un nocivo intervencionismo estatal.
El mandato del BCR: la justificación del curso forzoso
La autonomía constitucional del BCR descansa sobre pilares estrictos. El BCR administra un bien de curso forzoso: la moneda nacional. Su mandato es preservar la estabilidad monetaria y combatir la inflación. Al ser la moneda un monopolio legal de aceptación obligatoria, su depreciación afecta a toda la sociedad. Para proteger a los ciudadanos de incentivos perversos de los gobiernos de turno —como la emisión inorgánica para financiar gasto político— se justifica un ente técnico blindado. El curso forzoso requiere, por contrapeso, una protección institucional absoluta.
Ciencia y tecnología: el conocimiento no se decreta
Aquí es donde la analogía revela su límite fundamental. En el campo científico y tecnológico no existe un equivalente al "curso forzoso". Las ideas y las tecnologías no se adoptan por mandato legal ni coacción estatal. El conocimiento circula libremente, se valida según su utilidad real y compite abiertamente. La innovación no se impone por decreto; se demuestra en la acción. Pretender otorgar autonomía de rango constitucional a una agencia de ciencia abre la puerta a que una burocracia central decida qué es "válido" investigar y qué no, limitando la libertad del ecosistema.
El mercado y la falacia de las "fallas"
Suele afirmarse que el Estado debe intervenir porque el mercado "falla" al no financiar la investigación básica. Sin embargo, los mercados responden a incentivos, riesgos y asignación de recursos escasos en tiempo real. La verdadera falla suele radicar en la creencia del planificador. En lugar de asumir que el mercado es inherentemente defectuoso, la gestión pública debe comprender su funcionamiento para alinear incentivos. Forzar al mercado a financiar lo que la burocracia determina como "prioritario" es un error de diagnóstico que suele derivar en el desperdicio de recursos.
Estabilidad profesional versus decisiones políticas
Es vital no confundir la autonomía institucional con la estabilidad laboral de los profesionales de carrera. Que el presidente de la institución no cambie con cada gabinete es un asunto administrativo. Es ingenuo asumir que la ciencia estatal es neutral. Actualmente, la asignación presupuestal refleja posturas ideológicas de la burocracia, como priorizar desproporcionadamente ciertas humanidades sobre necesidades críticas en ingeniería. Otorgar autonomía total a un organismo con decisiones tan discrecionales blindaría, paradójicamente, la arbitrariedad de los planificadores.
China como desafío: el dilema de Popper
El modelo chino introduce una anomalía: mediante planificación centralizada y control político, el Estado ha logrado saltos tecnológicos estratégicos. Sin embargo, este caso sitúa el dilema en su verdadera dimensión ética. El desarrollo centralizado puede comprar velocidad, pero a costa de suprimir el orden espontáneo y la disidencia creativa. Siguiendo a Karl Popper, la elección por la libertad es una decisión moral que antecede a la eficiencia económica. El bienestar sin libertad no es desarrollo, sino sumisión tecnocrática.
Conclusión: coordinación sí, curso forzoso no
La propuesta de equiparar Concytec al BCR no resiste un análisis técnico. La moneda tiene curso forzoso y exige un guardián; el conocimiento debe permanecer libre de coacción. El progreso tecnológico del Perú no provendrá de un poder centralizado que pretenda dirigir el pensamiento, sino de instituciones que entiendan el mercado, respeten la libertad y coordinen con eficacia.
















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