Alan Salinas

El golpe de Estado del 30 de setiembre

Aprendamos a vivir en democracia

El golpe de Estado del 30 de setiembre
Alan Salinas
01 de octubre del 2019


El día lunes el país vivió su 5 de abril, vivió su disolución del Congreso por parte del golpista Martín Vizcarra. El presidente accesitario, tras enfrentarse irracionalmente al parlamento, decidió cometer una infracción constitucional sin tener en cuenta que, ese mismo día de su mensaje a la nación, los congresistas mayoritariamente le otorgaron el voto de confianza. Dicha medida, si bien es inconstitucional —vale decir, constituye un golpe de Estado (como señala la Defensoría del Pueblo)—, colisiona con otra situación política que tiene el país, como es el apoyo popular y mediático con que cuenta el Gobierno. 

Esta estrategia de confrontar al parlamento siempre fue popular. Desde tiempos antiguos, enfrentar la gente a los políticos ha sido rentable para dictadores o líderes populistas corruptos. Hay que ser claros: la mayoría congresal fujimorista tiene responsabilidad también de la crisis en la que está sumergido el país, pero eso no da pie para que Martín Vizcarra exalte actos irracionales de polarización en el país, mientras la economía se desacelera y las inversiones no llegan y no se puede hacer las obras que requiere el país. ¡No gobierna!

Sé que mis palabras van contra la corriente de la coyuntura, pero un analista político siempre debe mirar en perspectiva y defender —ante todo— los principios democráticos. La democracia antes que cualquier posición política o ideológica. Ya hemos tenido muchas décadas sumidos en regímenes dictatoriales o autoritarios que no nos han enseñado –en estos 19 años de joven democracia— a discrepar con el que piensa distinto, a conformar comunidad política, como sí lo consiguieron España y Chile tras sus salidas de momentos dictatoriales. 

Esa es mi consigna, esa es mi batalla, más allá de ideologías. La actual prensa (ligada a dos corruptos como Graña con Odebrecht y Mohme con el montesinismo), utilizan propaganda más que periodismo para confundir a la ciudadanía. Eso no es brindar información, eso es activismo político. Tienen como consigna repetir odios y confundir a la ciudadanía poniendo enemigos, no diferenciando que en democracia existe la idea de adversario, de respeto al otro. 

Ante ese panorama, el país tiene que buscar una salida democrática. Como en el año 2000, una mesa de diálogo, con actores más allá de los que están en pugna, es una opción razonable. Se necesita una transición con nuevas elecciones para dar paso a nueva generación de políticos en el país, pero con los responsables claros de este proceso golpista, de quiebre constitucional, en el que estamos ahora. 

Me tocará, desde mi trinchera académica y política, defender el principio fundamental de todo ser humano: el derecho a tener una política responsable. Porque la política —ante todo— es educar, conducir pueblos racionalmente, y no exaltar bajas pasiones ni enfrentamientos que hacen daño a la convivencia cívica. 

Miremos la historia que nos ha enseñado —a través de Gandhi y Mandela— a ir contra la corriente para aprender a ser democráticos. Eso es una gran tarea que tenemos pendiente como país.

Alan Salinas
01 de octubre del 2019

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