Dante Bobadilla
Desmadre constitucional
Presidente no puede obligar al Congreso a recortar su mandato
Apena ver la crisis moral e intelectual que desmorona a la República. El siglo pasado sufrimos de crisis económica y violencia terrorista; pero hoy padecemos la asfixia de la indigencia moral y la pobreza intelectual, y hemos pasado a la idolatría de la chusma como el ente rector de la vida republicana.
Las sociedades más civilizadas alcanzaron el progreso gracias a que su élite intelectual pensó en el futuro de la nación y puso sus cimientos en una Constitución, convertida en pilar del orden y el progreso social. El respeto a la ley pasó a ser un principio moral de la sociedad civilizada, dejando así de lado la arbitrariedad del déspota. Pero todo esto se ha extinguido en el Perú, donde la Constitución sufre de acoso y tocamientos indebidos por el presidente, quien solo busca satisfacer sus bajas pasiones, bajo pretexto de ser el intérprete máximo de la voluntad de las masas.
Y como suele suceder en toda dictadura, abundan los intelectuales baratos, los juristas de carretilla, los abogados de Azángaro, los periodistas de alquiler y los comentaristas con sueldo de asesores del gobierno, prestos a justificar las trapacerías del tiranuelo. Y hasta constitucionalistas que tienen la desfachatez de darle sustento legal con argumentos tan ridículos como: “el presidente tiene el deber de encarnar los intereses de la población, y por eso puede tomar las medidas que garanticen su bienestar”.
Mejor arrojemos la Constitución al tacho y dejemos que Vizcarra tome las decisiones que quiera “para el beneficio de la población”. Si así opina un jurista que ha presidido el TC, ¿qué podemos esperar de la gente de a pie? Lamentable escuchar la opinión de juristas que anteponen la voluntad del tirano y el griterío de la chusma a la Constitución y la ley. ¿Ya hemos tocado fondo o aún falta algo más?
Tampoco sorprende, pero sí indigna, la plaga de ayayeros que le han salido a Vizcarra, que justifican sin pudor su estrambótico capricho de adelanto de elecciones. Cualquiera con mediana educación sabe que las leyes no son retroactivas. Este Gobierno y Congreso fueron elegidos para cumplir un período de cinco años y eso no se puede cambiar. Pueden cambiar la ley, pero regirá a futuro. El presidente debe renunciar si se siente incapaz en el cargo, pero no puede obligar al Congreso a recortar su mandato. ¿Quién se cree que es este sujeto? Alguien tiene que ponerle un pare.
Vizcarra ya provoca arcadas. Con su verborrea pobre y descarada, miente diciendo que respeta la ley y la Constitución, cuando es evidente que la está pisoteando. ¿Cómo es eso de que adelantar elecciones es la única manera de salir del entrampamiento? ¿Cuál entrampamiento? El que tiene en el cerebro. Es penoso ver a un presidente admitiendo su incapacidad para gobernar y su cobardía para renunciar, penoso verlo en ese afán de desbaratar la institucionalidad del país para encubrir su retirada. ¿De dónde salió este incapaz? ¿Para qué se metió a la política? Lo mínimo que debe saber un político de verdad es superar crisis políticas. No es muy difícil. Lo único que se necesita es sentarse a conversar. Así lo han hecho los más grandes políticos de la historia, incluso en el Perú. Y ni siquiera los más grandes, porque hasta Toledo apeló al diálogo para superar la grave crisis política que enfrentó. De allí salió el famoso Acuerdo Nacional.
Pero lo más ridículo de Vizcarra es que se queja de un Congreso que ha sido el más medroso, complaciente y cobarde que yo haya visto jamás. El espejismo montado por la prensa mermelera repitiendo el cliché de “Congreso obstruccionista” solo puede creerlo gente muy ignorante. Este Congreso le ha dado todo a Vizcarra. Pero la chatura intelectual de Vizcarra es de tal magnitud que ni siquiera dialogar sabe. O de repente, no quiere o no lo dejan. Habría que saber qué hay detrás de todo este espectáculo deprimente que ofrece Vizcarra a diario.
No me extrañaría que detrás del show de Vizcarra estuviera la mafia caviar que manipula al Perú en los últimos años. Toda gran mafia que se respete compra políticos; pero además, compra policías, jueces, fiscales, abogados y periodistas. Así opera la mafia. Lo hemos visto antes en mafias como las de Orellana. Pero una mafia de las dimensiones de la empresa Odebrecht, que solo es un agente menor de la gran mafia socialista del Partido de los Trabajadores liderada por Lula a nivel continental, compraba presidentes, ministros, árbitros, jueces y fiscales de la Nación. Pero además tenía a grupos enteros de poder en su planilla. Es decir oenegés, estudios jurídicos y medios de prensa. ¿Cuándo conoceremos a todos los integrantes de esta megamafia? ¿Se sabrá algún día? ¿O seguiremos moviéndonos al ritmo que nos toca la mafia, su muñeco parlante y su prensa alquilada?
















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