Dante Bobadilla

Civilización y barbarie

A merced de la voluntad de la turba o del dictador

Civilización y barbarie
Dante Bobadilla
22 de agosto del 2019

 

A poco de cumplir dos siglos de vida republicana, los peruanos todavía no han llegado a comprender lo que significa la República. Muchos siguen con la mentalidad de la tribu, donde no existe ley ni Constitución, sino solo la voluntad de la turba o del dictador supremo, y donde todo rastro de orden e institucionalidad es asumido como una afrenta a sus deseos primitivos.

El andamiaje republicano del Perú fue solo una fachada de cartón, puesta allí para escenificar la farsa de la República. Los peruanos nunca entendieron lo que era eso. No existe hasta hoy un sentido de institucionalidad ni una sola idea común de nación. Todas las instituciones se inventaron por imitación o imposición. Por ello mismo, ninguna funciona a cabalidad. 

La psicología popular tampoco ha cambiado en estos dos siglos. La gente sigue idolatrando dictadores, aunque se trate de seres repugnantes, ignorantes y babosos. Les basta con que los llenen de demagogia barata, de verso encendido y provocador, con poses de matón de barrio. Odian el Congreso porque ven a los políticos como seres privilegiados o superiores. Lo eran antes; ahora son solo privilegiados. Y sobre esta base social aparecen tribus rojas, naranjas y verdes que se enfrentan, usando las instituciones y las leyes como armas arrojadizas. 

Pero además de todo esto, quienes más han contribuido a destruir la institucionalidad del país, ha sido la izquierda. Esa fue su misión desde mediados del siglo pasado. Lo ha sido incluso a nivel mundial, porque la izquierda es una plaga global, una enfermedad mental que se ha ido extendiendo como un virus por toda la humanidad. Algún día entenderemos mejor la teoría de los memes, de Richard Dawkins, para explicarnos cómo estas nocivas ideas de izquierda han podido propagarse y permanecer vivas pese a todo el daño que han causado. Incluso llegaron a sublimar la violencia y justificar sus genocidios. Han combinado perfectamente el discurso del bien con la acción del mal. Son los bienintencionados que más miserias han causado.

La prédica de la izquierda se orientó a prostituir todos los conceptos básicos de la convivencia civilizada, empezando por la democracia y terminando por los derechos. Nuestra democracia representativa, que consiste en la participación electoral de la sociedad para elegir a sus representantes políticos cada cierto tiempo, y dejar que ellos se ocupen de la gestión del país, fue trastocada por la izquierda como la simple participación popular permanente y directa en la toma de decisiones políticas, desvirtuando así todo principio de orden, autoridad y ley. Todo lo que propugna la izquierda es el caos y la violencia social. Por ello apuntan hacia las emociones primitivas de las personas, empezando por el odio a quienes señalan como enemigos.

Por desgracia, no solo la izquierda ha dinamitado nuestra República sino también a muchos tontos útiles afectados por esas ideas cursis, y los han ayudado para posar como buenos. Ese es el principal peligro de no tener una formación académica y política sólida, pues no se es capaz de distinguir las malas ideas. Todas las ideas malas vienen envueltas en empaques primorosos y se ofrecen como recetas para el bien social. Son fácilmente acogidas y defendidas por los ingenuos que quieren posar como seres bondadosos, sensibles y modernos. Pero son bombas de tiempo que harán su efecto nefasto en la sociedad a mediano plazo, como ocurrió con toda la andanada de reformas educativas y culturales impuestas por la dictadura de Velasco, y que nos condujeron a una era de mediocridad de la que aún no podemos salir.

No debería extrañarnos el caos en que se encuentra la República. El presidente Vizcarra es el resultado de una época de confusión, mediocridad y odios. Es un improvisado sin ideas al que solo le queda actuar como dictador, pisoteando las instituciones democráticas. Es un anti líder que solo hace lo que la gente quiere. Un líder, por el contrario, es aquel que logra que la gente haga lo que él quiere. Ahora vemos que todos los sectores de izquierda apoyan y utilizan a Vizcarra como instrumento para hacer leña la Constitución y la República. Sus bancadas son el Frente Amplio y Nuevo Perú. Sus aliados, los antimineros que están incendiando el sur. 

¡Cómo la izquierda no va a aplaudir al hombre que está destruyendo la República! Ya están reclamando que se pase directamente a una Asamblea Constituyente para acabar con la breve era de prosperidad y volver al caos de los ochenta. Es realmente penoso ver cómo tanta gente sumida en la estupidez, la ignorancia y el odio, danza alrededor de la hoguera en que arde el país y carga en hombros al déspota que ha encendido la llama. Así estamos.

 

Dante Bobadilla
22 de agosto del 2019

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