David Auris Villegas
Alfredo Bryce Echenique: el humor hecho literatura
Condimentó la literatura con elegante ironía y melancolía fina
Alfredo Bryce Echenique, célebre escritor embriagado de vida y fiel a su ironía humorística, nos abandonó este marzo, y ya no lo esperemos en abril. Se marchó regalándonos un legado literario que siempre nos hará reír y mirar la vida desde los ojos de un niño, pues con solo escuchar sus diálogos y entrevistas en YouTube nuestra felicidad está asegurada.
Vivió su vida como una anécdota literaria. Sus obras son un manojo de regalos de los dioses, aunque nunca tuvo hijos; nos tiene a nosotros, su legión de descendientes lectores que, como la promesa bíblica, vamos multiplicándonos. Nos hechizó con su encantado humor fino y, a los 87 años, partió dejando un vacío en la literatura, a quien lo recordaremos como un gran novelista peruano.
La obra cumbre que catapultó al cielo literario a Alfredo Bryce Echenique fue Un mundo para Julius. Allí creó un universo con la genialidad de Jorge Luis Borges, Miguel de Cervantes y James Joyce. Su conmovedora literatura risueña y conversacional engancha a lectores de todas las edades, condiciones y épocas.
Por su innato talento recibió los premios Casa de las Américas, Planeta y FIL, entre muchos otros. En su memoria, hoy, más que nunca, los medios peruanos deberían dedicar espacios a su vida y legado, en lugar de la vana politiquería ramplona.
La literatura del entrañable Bryce es autobiográfica, pero universal dicen los expertos. Su vida y obra se transversalizan como el Quijote de La Mancha, donde él es protagonista y cuentista de su extraordinaria existencia. Cultivó amistades profundas con grandes escritores peruanos, como Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, y su estilo bohemio y cosmopolita lo convirtió en un novelista monumental, leído en todo el mundo.
Bryce condimentó la literatura con elegante humor, ironía y melancolía fina, regalándonos vitalidad y alegría a nosotros, sus incondicionales lectores. Sus personajes conversan como lo haríamos en la vida cotidiana y esos diálogos enriquecen nuestro acervo lexical, gracias a la maestría de su oralidad y subjetividad emocional.
Hoy que Alfredo Bryce Echenique ha viajado a la eternidad, celebremos su obra con lágrimas de alegría. Nos enseñó a reír de nuestras torpezas y a mirar la sociedad con ironía y ternura. Su legado perdura en cada una de sus páginas que sigue invitándonos a descubrir otros mundos para tantos Julius que habita en cada uno de nosotros.
















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