La política sin partidos políticos se ha convertido en l...
El anuncio de algunos sectores políticos en el Congreso de seguir promoviendo censuras y de negarse a otorgar la confianza al nuevo Gabinete de Denisse Miralles representa un grave yerro en medio de la campaña electoral: el error de ignorar que el Estado no puede colapsar en momentos en que se desarrolla una campaña electoral nacional para el cambio de gobierno y en circunstancias en que se inicia el fenómeno de El Niño costero, que activa decenas de quebradas, afecta a ciudades y poblaciones y miles de peruanos pierden sus propiedades y activos.
Seguir apostando a la inestabilidad política es terminar destruyendo los últimos restos de la buena política pues, como todos sabemos, la política se creó para desarrollar objetivos en función del bien común. Y cualquier idea de bien común, inevitablemente, hoy está asociada a las estrategias para mitigar el sufrimiento de miles de peruanos que perderán sus propiedades y activos ante el evento climático que, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) y el ENFEN —Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno de El Niño—, ya se inició en febrero y se extendería hasta noviembre, alcanzando una situación moderada en julio.
Es incuestionable que el Estado peruano no llega preparado para enfrentar las contingencias de este evento climático porque la política peruana –luego del gobierno de Pedro Castillo y el golpe fallido que intentara perpetrar– siguió convertida en un campo de batalla. Las vacancias presidenciales y las censuras de los encargados de la jefatura de Estado, evidentemente, impiden consolidar equipos ministeriales y de funcionarios para implementar planes eficaces en contra de las adversidades que desata El Niño costero.
Y si esta situación le agregamos más iniciativas y propuestas que acrecientan la inestabilidad, entonces se estaría creando un terrible momento de rabia nacional en contra del Estado y de los políticos en general que, de una u otra manera, agravaría el sufrimiento de los peruanos afectados por el evento climático y crearía las condiciones propicias para un aventurero o un outsider en el proceso electoral.
Por otro lado, el yerro sería descomunal, impensable, en términos tácticos para los movimientos de la centro derecha. Hoy la izquierda comunista de Vladimir Cerrón y el pragmatismo extremo de César Acuña y de José Luna, son los únicos responsables de enfrentar las tragedias que desatará El Niño costero, además de tener la ineludible responsabilidad de contener la ola criminal. ¿Por qué entonces alguien estaría interesado en velar esta incuestionable responsabilidad con más inestabilidad?
El desarrollo de El Niño costero hasta parece ser un castigo bíblico para Acuña de APP y Luna de Podemos, dos políticos que consideran que todo se puede comprar y vender, incluso la posibilidad de negociar con el antisistema cerronista en momentos en que faltan semanas para una elección nacional.
Los movimientos de centro derecha que encabezan las encuestas, a nuestro entender, deberían apostar a superar rápidamente la turbulencia de la censura de José Jerí y la elección de José María Balcázar y volver a focalizarse en la campaña electoral. E inevitablemente, uno de los ejes de la campaña tiene que centrarse en la defensa de los miles de damnificados por El Niño costero y la crítica a la inacción gubernamental.
















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