El deber de los peruanos de buena voluntad, de los demócratas e...
El presidente comunista, José María Balcázar, al parecer, prefirió el alineamiento ideológico antioccidental antes que sus responsabilidades con el Perú, el respeto a la Constitución y los contratos internacionales suscritos por el Estado. A través de una serie de contramarchas pretendió bloquear la compra de 24 cazas de guerra F-16 Block 70, a tal extremo que todo estuvo a punto de convertirse en una crisis internacional con los Estados Unidos.
Felizmente, todas las instituciones del Estado, entre ellas el Consejo de Ministros –maltrecho por la renuncia previa del canciller Hugo de Zela y el titular de Defensa, Carlos Díaz– y las propias Fuerzas Armadas del Perú decidieron honrar el contrato suscrito por el Perú, luego de un largo proceso de negociaciones que se mantuvieron en secreto, tal como corresponde a los asuntos cruciales de la seguridad nacional. Unas horas después se conoció que el Estado había desembolsado una primera obligación contractual.
La reacción del Estado ante la incapacidad moral incuestionable de Balcázar no solo es absolutamente constitucional, sino que salvaguarda una decisión que compromete el futuro del Perú en las siguientes generaciones. No hay un solo artículo de la Constitución que establezca que el jefe de Estado se convierte en un rey irresponsable que puede actuar en contra de todas las instituciones y los contratos suscritos por el Perú. Ni uno solo. De allí que desde este portal felicitamos a todos los patriotas que preservaron el Estado de derecho y el futuro de la seguridad nacional.
La incapacidad moral de Balcázar llegó a tal límite que, en la mañana de ayer, los medios de comunicación registraron que el embajador de los Estados Unidos en el Perú, Bernie Navarro, se dirigía a la Presidencia del Consejo de Ministros para emplazar directamente al gobierno peruano a cumplir sus compromisos internacionales. Considerando que el Perú en las últimas tres décadas fue un verdadero campeón de las responsabilidades contractuales, la imagen penosa de un jefe de Estado irresponsable que hacía malabares para bloquear la compra de los F-16 no solo ponía en riesgo la seguridad nacional, sino que obliga al Legislativo a procesar inmediatamente su censura y su retiro de la jefatura de Estado. A la cabeza del Estado no puede estar un irresponsable que juega con los intereses de la patria. He allí una confirmación más del grave yerro del Legislativo al censurar y relevar a José Jerí de la jefatura de Estado, a semanas de las elecciones generales.
La comedia de las contramarchas de Balcázar en la compra de los F-16 se desencadenó de tal manera que hasta un tuit de Vladimir Cerrón pretendía dictarle al Perú los criterios sobre la seguridad nacional. Igualmente, un embajador de China en un país vecino cuestionó el pronunciamiento del embajador de Estados Unidos por el intento de Balcázar de incumplir un contrato internacional. En cualquier caso, el presidente de Perú Libre y representante del eje bolivariano presentaba al Perú como un territorio en disputa entre las dos potencias del planeta.
Esos pronunciamientos desnudan con meridiana claridad que las empresas y proyectos chinos no solo llegan al Perú para invertir y comerciar, sino también para desarrollar geopolítica y relaciones militares. Si las cosas son así, entonces, como nación soberana, el Perú tiene que informarle al Estado chino que nuestra alianza natural y necesaria es con los Estados Unidos. El Perú como una sociedad occidental, cristiana, en donde se controla el poder y se respetan la pluralidad y las libertades políticas y religiosas, tiene con los Estados Unidos una convergencia histórica. Y en ese camino la adquisición de la flota de los F-16 es un paso natural, urgente y absolutamente necesario.
El destino del Perú es fortalecer un acuerdo geopolítico y de seguridad con los Estados Unidos, y comerciar con todos los países del planeta, entre ellos la propia China. Quizá esta falta de definición llevó al embajador chino a inmiscuirse en los asuntos nacionales.
En cualquier caso, los exabruptos inaceptables de Balcázar obligan a procesar rápidamente su censura como una manera de preservar la seguridad nacional del Estado.
















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