Alan Salinas
Un 11 de marzo
Recuerdos de familia
Pasado mucho tiempo, vuelvo a escribirte. Fue exactamente en el 2010 la última vez que te escribí. Recuerdo que llevé la carta al mar de La Punta y te la envié en una botella. “Soy agua de marzo”, siempre me comentabas, haciendo referencias a tu signo zodiacal. Hacia ella debía remitir mi mensaje.
Tanto tiempo ha pasado. Hoy cumples años. Qué rara sensación. No te logro soñar. Si te veo es en mis proyectos personales, académicos y, ahora, en mi rol de padre. Es en esas experiencias que me acuerdo de ti, es en esas experiencias que tú te presentas en suaves consejos en mis pensamientos. Son los sueños que no puedo soñar.
Querías hacer tantas cosas, pero la vida no te lo permitió. Cuando tengo un familiar cercano a mi lado me dice que estarías contento de ver mis logros. No sé si llamarlos aún logros. Creo que eso está más allá de mi muerte. Trascender es mi mayor logro. Pero me dicen que ven en mí lo que quisiste ser o emprender.
Parafraseando a Renato Cisneros, en una las sus páginas de su novela, siento que mi herencia fueron tus proyectos inconclusos. Siento que mis aspiraciones y caminos personales y profesionales no son más que una continuación de lo que quisiste hacer, pero que la vida no te lo permitió por múltiples razones. Por eso ahora desconfío de mis proyectos. Pienso si realmente son míos.
Te cuento que tienes una hermosa nieta: Ojitos de aceituna. Tiene aún tres años y está yendo al nido. Como dice todo padre amoroso: es la mejor de todas. Es mi gran reto. La mayor de todas. A veces me pongo a pensar en qué me dirá o cuestionará más adelante. O qué consejos me dará, o qué alegrías me dará. Es una pequeña gigante. Una suave y ligera “luchona” como dicen ahora. Siempre le hablo de ti, de tus hazañas, de mis recuerdos contigo. De aquella vez que me contaste tu historia caminando al boulevard de Iquitos, comiendo un chupete de aguaje. Hace poco he vuelto para allá y en cada mordisco de mi chupete de aguaje te me presentabas riendo a carcajadas. No te sueño pero estas en cada lugar o en cada cosa que agarro, me pongo a pensar. Militas ahora en ellas.
Te cuento que hace años vi la película “Coco”. Buenísima. Tiene un gran mensaje: “Recuérdame”. La verdad, no sé si eres ya un recuerdo o el recuerdo del recuerdo, pero sigues presente. Sigues vigente. No te has ido. Te expresas, te manifiestas, te sueño en múltiples circunstancias. No dejes de hacerlo. Síguelo haciendo. Me fortaleces el espíritu, compañero y papá.
Hasta pronto, hasta que nos volvamos a encontrar.
















COMENTARIOS