Carlos Hakansson

La narrativa y el poder

Entre la "responsabilidad estatal" y las "energías creativas"

La narrativa y el poder
Carlos Hakansson
31 de marzo del 2026

 

En plena campaña electoral, y con sendos debates entre treinta y cinco candidatos, es inevitable volver la vista a los comienzos; en concreto, el primer debate presidencial transmitido el 26 de septiembre de 1960 en los Estados Unidos. En aquel día por la noche, en un estudio de televisión en Chicago, John F. Kennedy y Richard Nixon no solo debatieron sobre el destino de América, sino que, seguro sin saberlo, fundaron la política moderna. El resumen del encuentro dejó en claro que si la democracia es el mapa del juego, la narrativa es el motor para su movimiento. 

La disputa técnica entre ambos candidatos se puede resumir del siguiente modo. Kennedy, con la audacia del aspirante a la presidencia, diagnosticó un país "estancado". Su argumento resultó potente ante la audiencia. La fortaleza estadounidense –compuesta por la educación, salud y los derechos civiles– era la verdadera primera línea de defensa contra el comunismo. Para Kennedy, el Estado Federal debía ser el motor del progreso, bajo una visión de liderazgo activo que buscaba poner de nuevo a los Estados Unidos en movimiento.

Frente a él su adversario, un Richard Nixon experimentado, defendía el legado de Eisenhower. Su argumentación no carecía de lógica, pues citó el aumento en la construcción de escuelas y hospitales como prueba de que el país no estaba detenido; además Nixon no discrepaba en los objetivos sociales, pero sí en los medios para atenderlos. Por eso, advirtió con prudencia que el intervencionismo demócrata traería el riesgo de mayor inflación y asfixiaría la libertad individual. Para Nixon, el Estado Federal no debía ser el motor, sino un estímulo para la energía creativa del ciudadano. 

Al frente de ambas posiciones y en perspectiva, la historia enseña que tener la razón estadística no basta para ganar el corazón del electorado. Si bien Nixon se presentaba como un administrador de la realidad, Kennedy se proyectó como el arquitecto de una esperanza. La gran paradoja durante el debate fue el "efecto televisión", pues quienes lo escucharon por radio dieron como ganador a un sólido y técnico Nixon; los que lo vieron por la televisión coronaron a un Kennedy seguro y vital.

El duelo entre ambos candidatos dejó una herencia que todavía divide a las naciones: ¿El Estado es el responsable de empujar la maquinaria del bienestar, o es un árbitro que debe dejar espacio a la iniciativa privada? Una pregunta discutida en el Perú durante la campaña electoral de 1990. 

En la actualidad, los debates presidenciales siguen caminando por la senda trazada desde 1960. Se sigue discutiendo entre la "responsabilidad estatal" de Kennedy y las "energías creativas" de Nixon. Sin embargo, en el escenario de la opinión pública, no basta con tener un plan de gobierno, se debe tener una visión que emocione al electorado, hace falta el político capaz de contagiar la esperanza de mejora al ciudadano. Durante el duelo Nixon tenía las cifras, pero Kennedy se adueñó de la visión de futuro y, en política, el futuro promisor siempre tiene una mejor audiencia. 

Al igual que en 1960 se debatía el papel del Estado, hoy en el Perú también se discute la sustitución total de las reglas de juego, a través de una Constituyente, cuando la Constitución es el acuerdo fundamental para un gobierno civil sobre el cual se debe alcanzar la justicia, el bienestar y la libertad en comunidad política. La pregunta que surge es la siguiente: ¿está permitido que un candidato presidencial, bajo los principios y reglas de la Carta de 1993, proponga una nueva Constitución? En otras palabras, ¿pueden utilizarse las reglas de un sistema democrático para destruirlo y crear otro desde cero?

Los debates no solo versan sobre la legalidad de las propuestas electorales, sino sobre la lealtad constitucional. Un candidato que jura respetar la Constitución mientras promete derogarla genera una paradoja que Kennedy o Nixon habrían explotado con ferocidad; ambos habrían advertido una contradicción estratégica en el adversario para usarla como un arma demoledora durante el debate(*).


*El presente artículo es una continuación de la columna semanal del Diario Correo publicada el pasado jueves 26 de marzo de 2026, véase en https://diariocorreo.pe/opinion/kennedy-vs-nixon-columna-de-carlos-hakansson-noticia/

Carlos Hakansson
31 de marzo del 2026

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