Alvaro Diaz
La izquierda caviar
Inconsistencias en sus ideas sobre la economía y el sistema legal en una democracia
En una conversación reciente sobre “quien jodió al Perú, la izquierda o la derecha” (parafraseando a Conversación en La Catedral de Vargas Llosa) di mi definición de izquierda caviar. Desde hace años el término perdió mucho de su contenido por el debate político corto en internet y es bueno ofrecer una definición que permita conversar de nuevo.
El “izquierdista caviar” (o simplemente “caviar”) es una persona que tiene serias inconsistencias en sus ideas sobre la economía y el sistema legal en una democracia. Sobre la economía, el caviar usualmente ataca o reniega del capitalismo, de las grandes empresas, del lucro, etc.; y se queja mucho de la desigualdad entre los ingresos de unos y otros. Pero al mismo tiempo, disfruta de un nivel de bienestar que solo es posible con la disparidad de ingresos que únicamente el capitalismo permite. El caviar suele apoyar las expropiaciones –directas o indirectas– que causan la sobrerregulación y los impuestos altos. Pero cuando su propio bienestar y propiedad es amenazado por esas medidas, sí se queja y pide respetar esa desigualdad de ingresos y el bienestar que le permite. Ocurre lo mismo cuando el caviar es empresario y necesita despedir o pagar sueldos relativamente bajos a sus trabajadores.
Sobre el sistema legal, el izquierdista caviar frecuentemente dice defender la democracia y los derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, no acepta cabalmente que una democracia defienda a sus ciudadanos de delincuentes o personas violentas mediante el uso legal de la fuerza que –en toda democracia– está previsto en la Constitución y la Ley.
Para superar al delincuente, la fuerza pública debe ser siempre abrumadoramente superior. Pero para el izquierdista caviar prácticamente cualquier respuesta que un delincuente o un manifestante violento reciba de la policía o las fuerzas armadas resulta "excesiva" o "desproporcionada", y en la práctica suele condenarla y retratarla como ilegal y contraria a los Derechos Humanos. Varias instituciones locales e internacionales crean o asumen estos criterios caviares dirigidos a restringir el uso legal de la fuerza.
El caviar, claro está, no hace lo mismo cuando la violencia se ejerce contra su patrimonio o su persona. Al contrario, exige toda la seguridad y la fuerza posible para defenderlos. El caviar no suele interesarse por las víctimas de delitos que incluyen terrorismo o los que causan las protestas violentas. Un ejemplo de estas víctimas ocultas son las personas que mueren en transportes o ambulancias durante bloqueos de carreteras, por no poder llegar a recibir atención. Por momentos, parece que el caviar en silencio acepta las protestas violentas, cualquiera sea su costo, si se alinean a sus objetivos políticos de grupo.
El caviar muchas veces retrata como malo o directamente exige restringir al mínimo cualquier uso legal de la fuerza por los agentes del orden, cuando éste trae al orden a movimientos o grupos que le son afines: una protesta violenta cuyos móviles u objetivo el caviar aprueba, por ejemplo. Su exigencia suele estar cubierta de criterios legales o judiciales sobre proporcionalidad y necesidad de usar la fuerza que sus colegas caviares en foros y cortes locales o internacionales antes han diseñado (siempre con poco sentido de la realidad, y por profesionales de escritorio, casi nunca vinculados a táctica, armas ni operaciones de seguridad). Y lo hace aunque los delincuentes, personas o manifestantes estén atacando bienes públicos o privados, o incluso arriesgando la salud, propiedad o vida de otras personas.
Si asumiéramos como regla lo que pide el izquierdista caviar, resultaría que, en el país, la policía y las fuerzas armadas prácticamente nunca podrían defendernos de delincuentes ni de quienes ataquen nuestra calle, propiedad, salud o vida, usando toda la fuerza necesaria, y que la Ley ordena usar. Por supuesto, cuando se trata de defender su persona o su propiedad, el izquierdista caviar, con todo derecho, le exige al Estado el uso de toda la fuerza necesaria para protegerlo y mantener el orden. El problema grave es que exige que los agentes del orden lo cuiden y protejan sus derechos, pero no los derechos del resto de ciudadanos, al menos no cuando los afecta una acción o protesta que el caviar aprueba.
Un país que en la práctica no permite que sus agentes del orden usen legalmente la fuerza pronto quedará a merced de delincuentes, extorsionadores, asesinos, terroristas y cualquiera que lo amenace. Pero, en su visión idílica del país, el izquierdista caviar cree que puede mantenerse una democracia estable y segura casi sin usar la fuerza. Una contradicción en sí misma, porque sin usar legalmente la fuerza a un nivel abrumadoramente superior al de quien la amenaza, cualquier grupo bien financiado y preparado destruirá el país y tomará sus espacios e instituciones, sin tener respuesta. Piénselo: una organización criminal puede amenazar a fiscales, jueces, ministros, alcaldes y otros funcionarios con poder de decisión. Y entonces la Ley, la democracia y la nación colapsarán.
En la conversación, mi entrevistador añadió al concepto de caviar que, al menos en nuestro país, no parecen querer postular en elecciones y hacerse responsables de la administración. Prefieren roles sin mayor responsabilidad política y de relativamente poca exposición. Eso es cierto. La conversación nos llevó también a otras áreas de política pública en la que hay criterios caviares que generan atraso y pobreza. Tendremos que abordarlo en un siguiente artículo.
















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