Alberto Jabiles Schwartz
Estimada Keiko
Construir alianzas nacionales e internacionales que fortalezcan la gobernabilidad
No ha sido fácil. Un estrecho margen te dio la victoria en una elección muy reñida, en la que los peruanos te elegimos como nuestra nueva presidenta constitucional por voluntad democrática, convirtiéndote en la primera mujer elegida para ese cargo en nuestra historia republicana bicentenaria.
Parece que está en el ADN de tu familia marcar hitos. Alberto Fujimori fue el primer hijo de inmigrantes japoneses elegido presidente del Perú; tú eres la primera mujer en alcanzar la Presidencia por elección popular. Ambos ganaron su elección a los 51 años, ambos enfrentaron temores y desafíos, y ambos asumieron, quizá lo más importante, la responsabilidad de reconstruir un país fracturado.
Tu padre gobernó después del catastrófico quinquenio aprista, un período que dejó al país en una profunda crisis económica que nos aisló de los principales organismos financieros internacionales. También enfrentó una gravísima situación de seguridad interna, que abordó con determinación al derrotar a las organizaciones subversivas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. A ello se suma su gestión en política exterior, que culminó con el reconocimiento por parte de Ecuador de la vigencia y aplicabilidad del Protocolo de Río, poniendo fin a las disputas territoriales que durante décadas provocaron conflictos fratricidas entre ambas naciones.
Tu padre no fue perfecto y pagó con creces por sus errores políticos e indulgencia hacia la corrupción. Esas equivocaciones se transformaron en estigmas que también alcanzaron a sus descendientes. No debe ser fácil ser hija de Alberto Fujimori. En tu caso, tu apellido te condujo a la vida política y hoy eres un ejemplo de resiliencia. Una intensa campaña impulsada por adversarios políticos y amplificada por diversos voceros nacionales e internacionales alimentó una corriente de rechazo hacia tu figura. Incluso enfrentaste procesos judiciales que te llevaron a prisión preventiva. Además, fuiste objeto de constantes insultos y ataques. Tu apellido se convirtió en una carga que decidiste asumir y reivindicar. No todos habrían hecho lo mismo.
Por supuesto, también has cometido errores importantes. En lo personal, aún mantengo algunas dudas sobre distintos aspectos de tu trayectoria pública, incluso desde la época en que ejerciste como Primera Dama. Sin embargo, pongo al Perú por encima de cualquier reserva personal. Por ello, incluso, quienes no votamos por ti en todas las primeras vueltas, terminamos respaldándote en las segundas. Lo hicimos porque te convertiste en un muro de contención frente al comunismo, una ideología respaldada por determinados sectores intelectuales y políticos, y que, a nuestro juicio, ha demostrado en distintos países su capacidad para deteriorar instituciones, saquear economías y restringir libertades.
Keiko, has luchado por este objetivo durante más de veinticinco años y ahora comienza la etapa más difícil: gobernar. Tendrás que hacerlo para los 35 millones de peruanos, tanto para quienes viven en el país como para quienes residimos en el extranjero. Recibes una nación dividida. Casi la mitad de los peruanos no respaldó tu candidatura, ya sea por diferencias ideológicas o por el rechazo que aún genera tu apellido y el legado político de tu padre.
Busca consensos y escucha a tus asesores. Suma, no restes. Evita el error tan frecuente de muchos gobernantes que, una vez alcanzado el poder, levantan a su alrededor muros que los aíslan de los consejos y las críticas. Se transparente y que tus reuniones sean del conocimiento público. Mantén distancia de la corrupción. Dialoga con el Congreso. Escucha a los periodistas, que en muchos casos representan las preocupaciones de la ciudadanía. Construye alianzas nacionales e internacionales que fortalezcan la gobernabilidad. Y si alguna decisión demuestra no ser la correcta, rectifica sin temor. No hay peor error que negarse a reconocer una equivocación por orgullo o soberbia.
Observa el mapa electoral y presta especial atención a nuestros hermanos de la sierra, oriente y del sur del país. Muchos de ellos no votaron por ti, pero sus voces y reclamos deben ser escuchados. Sus necesidades son las necesidades del Perú.
Keiko, considero que este será posiblemente el último escrito que te dirija en primera persona, porque así lo exige la investidura que asumirás. A partir del 28 de julio de 2026 deberé dirigirme a ti como Señora Presidenta. Te has ganado ese lugar, incluso entre quienes no te tuvimos como primera opción electoral. No nos defraudes. Muchos hemos defendido tu candidatura en cada espacio de debate que tuvimos a nuestro alcance.
Por último y cierro: somos una república presidencialista y sobre el cargo que ejercerás descansa buena parte de nuestra estabilidad y tranquilidad colectiva. Por ello, no te conformes con el triunfo alcanzado. Trabaja desde ahora en la formación de nuevos liderazgos que puedan asumir la posta en 2031 y transmitir confianza al país. El Perú necesita estabilidad, institucionalidad y la certeza de que nunca más volvamos a enfrentar los riesgos que tantos consideramos una amenaza existencial para el futuro mismo de la República.
















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