Pedro Corzo

Petro, ¿otro torpedo contra la democracia?

Su Gobierno agravará la situación de Colombia

Petro, ¿otro torpedo contra la democracia?
Pedro Corzo
27 de junio del 2022


Recién proclamado Gustavo Petro, presidente electo de Colombia, un joven de ese país escribió en una red social su frustración con la política y su profundo desencanto con los políticos. Una opinión que comparto en gran medida porque la mayoría de los problemas que padece el hemisferio y el control que ejercen sobre la cosa pública los abanderados de propuestas extremistas son consecuencias del legado de corrupción e injusticia de hombres y mujeres que escogieron la gestión pública como instrumento para su provecho personal y no para servir a la ciudadanía. Sin embargo, no es prudente arribar a la conclusión a la que llega nuestro escribidor al decir que, “todo el que esté montado en la política ya es mentiroso y corrupto de nacimiento”. 

Este mismo joven afirma que ninguno de los gobernantes colombianos que han ejercido en los últimos años solo se han favorecido a ellos mismos o a su familia. Un craso error: nadie es autosuficiente y toda acción de gobierno afecta positiva o negativamente. Pero este razonamiento conduce a veces a no votar, o hacerlo sin la responsabilidad debida. Se debe tener presente que el cumplimiento de los deberes precede al disfrute de los derechos. 

En mi opinión, el mandato de Petro agravará la situación de Colombia. Especialmente si Petro  actúa en base a su pasado y sobre la idea de que personifica la salvación del país, lo que implica una visión sectaria y excluyente. 

Los individuos que buscan proyectarse como salvadores rápidamente se transforman en destructores. Ejemplos sobrados tenemos, al igual que de la complicidad histórica de personalidades que dicen defender la democracia y actúan en su contra, como ha denunciado reiteradamente el periodista Ricardo Puentes Melo. 

Si Petro es un viajante del socialismo del siglo XXI, como afirma el escritor José Antonio Albertini, descarto que lo sea del socialismo real castrista, tan brutal e ineficiente que ni los defensores de esa propuesta son capaces de aplicarlo en la actualidad. Ha de tener preparada la operación política que le ayudará a establecer la dictadura institucional tan cara a este proyecto, y que con tanta eficiencia desarrolló Hugo Chávez, un caudillo que también prometió un cambio nacional que condujo a los venezolanos cambiar de país, como refería una pancarta electoral en estos comicios colombianos. 

Solo recomiendo a los colombianos que no se fíen de que el candidato electo no tiene mayoría congresional, que los gobernadores lo rechazarán, que los militares son garantía de la continuidad republicana, que tendrá que enfrentar a la prensa, a la que siempre le espera la peor parte, particularmente si recordamos el comentario de la futura primera dama sobre algunas reporteras. De los empresarios no esperen mucho, salvo contadas excepciones, solo trataran de salvar el capital. Y cuando los Juan Valdés empiecen a desaparecer de los anaqueles, abandonaran el país porque muy pocos lucharan. 

No cierren los ojos, estos caudillos cuentan con muchos recursos y son los mejores corruptores. Hugo Chávez, el día que tomó posesión, planteó una nueva constitución de carácter originario, un concepto que establece un principio funcional nuevo u original, que da paso a la refundación de la República y a la elección de nuevos funcionarios. 

El populismo ideológico es una especie de religión y todos sus dirigentes se consideran elegidos, ungidos por un poder superior que los inviste de la convicción de que están haciendo el bien sin importar la crueldad de sus actos. Una situación que lleva a recordar el comentario de un senador romano sobre Espartaco, según se recuerda en el libro La rebelión de los esclavos, de Arthur Koestler: “ Espartaco mata a todos los esclavos que buscan refugio en su República porque está convencido de que es la única manera de salvar su proyecto”. 

Ansío equivocarme. Ojalá Petro y su tribu lo hagan bien, aunque honradamente no lo creo. En su discurso de la victoria, sin llegar al poder, dispuso liberar a personas encarceladas por varios delitos y restituir a la alcaldía de Medellín a un aliado suspendido. Una muestra del autoritarismo de su mandato. 

El nuevo presidente colombiano tiene más potencial que Hugo Chávez para hacer el mal. Y se aprecia en sus expresiones que es un fanático de la corrección política, razón por la cual uno de sus primeros blancos será la educación, con una visión reeducadora de la sociedad. 

Estoy con la senadora María Fernanda Cabal: se debe estar listo para hacer oposición a lo que pueda venir contra nuestros valores de libertad. Y tanto en el país como en el exterior, porque nadie está libre de esos depredadores.

Pedro Corzo
27 de junio del 2022

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