Javier Moran
Las tendencias del etiquetado
Debilidades y fortalezas de los principales sistemas
Resulta indudable que la incidencia global de obesidad se relaciona —entre otras conductas— con los malos hábitos alimenticios de las personas. Para orientar a los consumidores hacia una alimentación más saludable se vienen probando, alrededor del mundo, diversos sistemas de etiquetado frontal en los alimentos procesados: las GDA (Guías Diarias de Alimentación), el semáforo nutricional, el semáforo mezclado con GDA, los octógonos, el Nutri Score y, más recientemente, la ENL (Etiqueta Nutricional Evolucionada). No existe consenso sobre el formato ideal, pero los estudios científicos realizados pueden aportar ciertas pautas al Perú.
El Ministerio de Salud (Minsa), como se sabe, aprobó la utilización de hasta cuatro octógonos rojos en cada empaque, para indicar qué alimentos son altos en azúcar, grasas saturadas, grasas trans y sodio. En tanto, la Comisión de Defensa del Consumidor del Congreso ha propuesto un semáforo mezclado con GDA, en el que un color rojo, ámbar o verde se incluiría, dependiendo del contenido de calorías, grasas totales, grasas saturadas, azúcar y sodio del producto.
El formato más utilizado alrededor del mundo son las GDA, íconos que muestran las calorías y nutrientes críticos (grasas, sodio, azúcares y calorías) incluidos en cada porción de alimentos, respecto de la dieta diaria promedio. Este sistema ha evolucionado a partir de numerosos estudios que comparan el uso de textos/números (GDA) con los semáforos nutricionales. En Alemania, un estudio empírico dirigido por Wilcynski en 2012 encontró que los colores tienen un efecto visual dominante en la elección de alimentos saludables, en comparación con el etiquetado basado en textos, al reducir la complejidad de las decisiones.
En la misma línea, un estudio realizado en Estados Unidos por Roberto en 2012, concluyó que el etiquetado semáforo es significativamente superior a las GDA, en términos de cantidad de tiempo requerido para entender la información. Y otro análisis encontró que los consumidores franceses prefieren formatos con múltiples luces de semáforo (una luz para cada nutriente), en vez de formatos con menos colores o de un solo color; dado que pueden recibir información más simple y categórica sobre la calidad nutricional del producto (Mejean, 2013).
De hecho, el valor de obtener información nutricional más categórica ha llevado a los consumidores franceses a elegir —en el 2017— el formato Nutri-Score, un modelo innovador que consiste en cinco tonos de colores, parecidos a los de un semáforo, que llevan encima una letra, de la A a la E. El color/letra asignado indica si el conjunto del producto, y no solo un nutriente, es más o menos saludable, facilitando comparaciones entre categorías y marcas. Las pruebas, resumidas por Galán en 2017, señalan que este sistema mejorará el promedio de la calidad de la canasta comprada en 9.3%.
La debilidad del modelo de octógonos —usado en Chile y propuesto en el Perú— es que solo permite identificar qué alimentos son “altos en”. No ayuda a identificar, por ejemplo, cuáles son los yogures y cereales más saludables dentro de su categoría. Además, al incluir un octógono por cada nutriente crítico, conduce a los consumidores a comprar “contando octógonos”; un sinsentido, considerando que una gaseosa —por ejemplo— no pasa a ser saludable porque se le reduzca la cantidad de azúcar, como ha ocurrido en Chile.
En consecuencia, si bien no hay un modelo que pueda considerarse como el más adecuado, hay suficiente evidencia para optar por un formato que contenga luces de semáforo para medir la calidad de cada nutriente o de todo el producto, con el fin de orientar a los consumidores hacia una alimentación más saludable.
















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