Yorry Warthon

George Floyd y el comunismo en América del Sur

Cuando las protestas justificadas se desnaturalizan

George Floyd y el comunismo en América del Sur
Yorry Warthon
08 de junio del 2020


“¡No puedo respirar!”, fueron las últimas palabras de George Floyd antes de ser asfixiado por agentes policiales estadounidenses. Aquí, en Perú, muchos estamos experimentado la misma sensación del afroamericano. La falta de oxígeno es un problema que el Gobierno central no logra resolver. Hacer una analogía entre la realidad actual de los peruanos vulnerables y la fuerza desproporcionada que terminó asesinando a Floyd es inevitable. Pero veamos qué pasa en Estados Unidos. A raíz del cruel asesinato ocurrido en
Powderhorn (Mineápolis), la oleada de manifestaciones y protestas contra excesos represivos y prácticas racistas sacudió a toda la nación norteamericana. 

Aquel fatídico día, el asesinato remeció los cimientos de diversas comunidades ideológicas, incluidos los colectivos comunistas. Ello instó a que numerosos activistas inundaran las calles en el Estado de Minnesota. Por supuesto, los propósitos que originan tales marchas muchas veces terminan torciéndose, asimilando adeptos y oportunistas para radicalizar las prácticas vandálicas. Esto se evidenció tras el nivel superlativo de zozobra que finalmente terminó esparciéndose por varios estados del país norteamericano. 

¿Quiénes se ocultan tras este tipo de manifestaciones? Es evidente que no todos los que flamean la bandera de la protesta son consecuentes con el propósito que la origina. Robos y saqueos nos permiten ampliar la perspectiva para detectar el problema. Entonces una inferencia válida es que la casualidad no opera en este tipo de circunstancias, y que el comunismo se esfuerza por hacer suya la causa que se presente, a fin de exacerbar las marchas y llevarlas a la anarquía. Romper la estabilidad del país se convierte en el objetivo. Tal fue la hecatombe social en el territorio americano, que tuvo que decretarse el “toque de queda” en Nueva York, hecho que no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial. 

Situación similar vivimos en Latam hace unos meses, en Chile. Las protestas estridentes por el alza de pasajes se convirtieron –con el auspicio de los movimientos comunistas– en un incontrolable caos que dejó a Santiago en zona de guerra. Hoy, para bien del pueblo sureño, hacen causa común y dan lecciones de cómo controlar la crisis por la pandemia. 

Es inevitable, entonces, hacer un paralelo entre las recientes manifestaciones en Estados Unidos y en las de Chile. En ambas hay una participación activa de grupos marxistas. Un elemental análisis nos permite intuir que existe un gran interés del comunismo por sumarse a toda causa ajena –por su incapacidad de adherir a la masa en una propia– e inflamarla de tal manera que logren la inestabilidad en países con presidentes opuestos al ideario marxista. El objetivo final es el de siempre: tomar el poder a como dé lugar. Aunque una vez en él no sepan qué hacer. Ejemplos de gobiernos de izquierda desastrosos hay muchos, y nosotros nos acercamos peligrosamente a ser parte del modelo. 

Vemos pues que el Perú no es ajeno a este objetivo comunista; pero a diferencia de los países mencionados, la imposición del marxismo proviene desde el poder mismo. Desde arriba. La política totalitaria ya instaurada erosiona desde el interior del Gobierno. Y todo indica que no hay pandemia que detenga este fenómeno. Hoy nos corresponde enarbolar banderas, abrir surcos y manifestarnos en protestas con la genuina intención de proponer cambios, alineados a propósitos que generen libertades constitucionales, en defensa de la vida, la familia y de la propiedad privada. 

Podemos usar la corriente generada por el caso Floyd, sí. Pero erradicando fanatismos y falsos propósitos.

Yorry Warthon
08 de junio del 2020

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