Arturo Valverde

Copoazú en verano

Cuando hace calor, me acuerdo de Madre de Dios. Más aún, del copoazú

Copoazú en verano
Arturo Valverde
11 de marzo del 2025


Unos amigos y yo aterrizamos hace años ahí, chorreando sudor, con las cámaras fotográficas al hombro. Y horas más tarde, sentados alrededor de una pequeña mesa de madera, a la hora del almuerzo, lo primero que hicimos fue pedir la bebida más refrescante y helada del restaurante. 

Al rato, la mujer que atendía las mesas, una muchacha bastante joven y simpática, con el cabello estilo cola de caballo, regresó caminando dulcemente con una jarra en la mano y tres vasos de vidrio. 

Uno de nosotros, alto, canoso y fornido, vació sin demora la jarra en los vasos. Empezó por el que era chato, medio calvo y moreno. Luego, siguió conmigo, el flaco de lentes. Y, finalmente, llenó hasta el borde su vaso. Había tanta sed en esa mesa, que obviamos entrechocar nuestros vasos, como se acostumbra entre amigos y bebimos hasta la última gota.

El jugo tenía un color amarillento tenue y su sabor dulce evocaba en el paladar, la exótica combinación de pera, piña y guanábana. Aunque, entre los bosques amazónicos, el fruto se asemeja por fuera a un coco oblongo, en su interior esconde su pulpa blanca. Como bebida helada es una de las más deliciosas y refrescantes que he probado en toda mi vida. 

Tras la primera ronda, vino una segunda, pero en poco tiempo, la jarra acabó vacía y transparente. ¡Amiga! ¿Sí, joven? ¿Podría traernos otra jarra de jugo? ¿De copoazú? ¿Cómo dice? ¡Copoazú! Nos miramos entre los tres: ¡Sí, otra jarra de jugo de copoazú! ¡Helada! ¡Ahora mismo le llevo! 

La muchacha contó finalmente tres jarras de jugo de copoazú, y así lo dejó anotado en la boleta que escribió con apurados trazos: tres jarras y tres menús económicos para la mesa seis o cinco. 

Esta tarde de veraniego marzo, me veo sentado en esa mesa de madera, rodeado de aquellas paredes verdes, con un par de ventiladores flojos que demoran en girar en el techo, y aquella bella joven cargando delante de sus pechos, la jarra de jugo helado de copoazú que habrá de aplacar mi sed y olvidarme del calor.

Arturo Valverde
11 de marzo del 2025

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